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historia de la gallistica en lima y estadisticas
Por: CARLOS COGORNO VENTURA

  

 

                          

                       :   Historia de la gallística en Lima y estadísticas

                        De  :   Carlos Cogorno Ventura

                        Fecha   :   Agosto de 1995

 

 

1.      INTRODUCCION

El presente artículo, analiza algunos factores que forman parte del espectáculo en las peleas de gallos, como pesos (rangos y evolución de los mismos), tiempo de pelea (rangos, evolución y definición de las mismas), y finalmente, análisis de plumas ganadoras y plumas perdedoras.

Los resultados y conclusiones están sustentados por un trabajo de tabulación estadística ininterrumpido, del galpón “Horizonte”, desde el año 1978; y los registros llevados a cabo en el coliseo de gallos “El Rosedal” ubicado en el Distrito de Santiago de Surco en Lima, con la estrecha colaboración de mi esposa Renate, el propietario del coliseo Sr. José Velázquez, el Juez Sr. Jorge Benavente, su asistente Sr. Carlos Díaz y posteriormente, el juez Sr. Javier Montoya; quienes llevaron a cabo los registros correspondientes y aportaron las planillas de manera ordenada desde la temporada 1986, hasta 1996 los que nos permitieron tabular, varias decenas de miles de observaciones en nuestra computadora; sustento del presente análisis.

 

2.      HISTORIA

Es conveniente resaltar la historia de lo que ocurrió y sucede actualmente, con el gallo de a “pico y espuelas” en Lima, para así poder entender mejor los resultados del presente estudio.

Empezamos la historia desde principios del Siglo XX, se observando que en Lima, no existía afición a la pelea de gallos en esta modalidad, sino, de manera aislada; la cual practicaba sólo algún pequeño grupo de provincianos residentes en la capital, por herencia de su tierra; especialmente, si procedían del Norte peruano (desde Trujillo a Tumbes), Sur (desde Ocoña hasta Tacna) y la extensa región Oriental(en aquella época Iquitos y pueblos ribereños del río Amazonas).

Tanto en Lima, como en los Departamentos colindantes, la afición a gallos era la de navaja peruana libre; cultivada por la mayor parte de hacendados de los diferentes valles y en menor grado por habitantes de las casas huertas ubicadas alrededor de la ciudad. Durante las dos primeras décadas del Siglo XX, existían de manera oficial, cuatro coliseos de gallos a navaja; el primero en el Distrito de Barranco, el segundo en Magdalena, el tercero llamado “La Pampilla” en el cercado de Lima ubicado en la actual Jirón Guillermo Damsey, el cual cerró sus puertas en la década de los años 1930. Y el coliseo de “Sandia” ubicado en la calle Sandia, a media cuadra del Parque Universitario en el cercado de Lima; el cual continuó cobijando a su público, hasta el año 1988 en el que se trasladó provisionalmente al local del coliseo “El Rosedal” en el Distrito de Santiago de Surco, continuando el espectáculo, los días Lunes y Miércoles por las noches y Sábados por la tarde; mientras que los días Viernes y Domingos, se realizaban eventos de a “pico y espuela”.

En el libro “Crónicas sabrosas de la vieja Lima” (Antología), su autor, Ramón Barrenechea Vinatea, relata la experiencia e impresiones de un viajero que pasó por la ciudad de Lima, en los años 1940 (Tomo II. Primera Ed. 1970. Ed. Peisa, Lima. Pp 25 la cual a continuación se relata:

“Los gallos”

“No guardo recuerdo de ciudad, villa o aldea, en la que canten los gallos como cantan en Lima. Mientras estuve viviendo en el hotel, creí que sólo en este establecimiento existía un gallinero, para abastecer el restaurante; pero cuando alquilé un departamento y los gallos seguían cantando, me mudé a otro y el canto me perseguía, me di cuenta de que no hay habitante en Lima que no tenga su gallo.”

“Le dice al hospedero”

“¿Pero porqué la pasan cantando toda la noche?.”

“-Porque son muy brutos y se equivocan con la luz.”

“Vea Ud., agregó, antes del alumbrado eléctrico sólo en las noches de luna molestaban; pero ahora, todas las horas les parecen de madrugada.”

“-¡Maldita luz! Pues deberían apagarla después de la media noche.”

“-Eso no es posible.”

“-O matan a todos los gallos.”

“-Tampoco es posible, aunque no habría qué hacer con las gallinas.”

“-¡Hombre! Comerlas”

“-¡Ha no, no! ¡Ya irá Ud. acostumbrándose!”

“-¿Cómo voy a acostumbrarme a vivir en un corral?”

“-¡No Señor! ¡En esta firma no hay corral!”

“Aquí sólo viven hombres solos, y los gallos que Ud. oye, son del barrio.”

“El cobrador tenía razón; pues los gallos que yo oía eran de toda la ciudad.”

“Principiaba a cantar uno de voz de chantre, pausada y ronca, que era el más próximo a mi dormitorio. Despertaba a sus ciudadanos y se formaban inmediatamente dúos, tercetos, cuartetos y coros, que no tenían cuando acabar.”

“Una persona a quien me quejaba de esto, me dijo:”

“-Felicítese Ud. De que ladran menos perros que antes.”

“-¿También había eso? ¿Pues en esta ciudad no se podría dormir?” 

 

 

Carl Finsterbuch, menciona en su clásica obra “Cock Fighting all over the world” al eminente aficionado y juez del coliseo “La Pampilla”, Sr. de Armero y mostrando una fotografía de un ejemplar de gallo navajero, lo que nos indica la evolución que ha tenido a través de los años la variedad del gallo a navaja peruano, hasta nuestros días.

A principios del Siglo XX, la población en Lima, era alrededor de 300,000 habitantes; conformada la población del país en un 80% rural y 20% urbana; esta última, incrementó la proporción a 35% en 1940. Además del aumento demográfico general (en 1940, la población era aproximadamente 7´000,000 de habitantes, mientras en 1981, 18´000,000; estimándose para el año 2000, bordee los 30´000,000 de habitantes). Después de la década de los 40, se produjeron grandes migraciones de la población rural hacia las ciudades y en especial hacia Lima. Alojando esta actualmente, cerca del 30% de la población del país, de la cual, sólo el 20% de sus habitantes son limeños ó descendientes. Todo ello, como consecuencia de las mejores posibilidades de vida y por la construcción de vías de comunicación integrando muchos pueblos del interior lo que llevó a que la población migrante, también traiga consigo, algunos usos y costumbres; entre ellos, la afición a los gallos de a “pico y espuela”, prácticamente inexistente en la ciudad de Lima.

Durante la década de los años 50, existían 3 coliseos en el puerto del Callao; siendo el más concurrido el que pertenecía al japonés Aguena. En Lima, existía en la calle Francisco Pizarro del Rímac un coliseo rústico y pequeño y finalmente, el coliseo de Piñonate en el actual Distrito de San Martín de Porras. Todos ellos eran rústicos y de condición modesta; aunque para aquella época, se les podía considerar como recintos de espectáculo público.

En el año 1959, inaguran  los señores Reátegui y Guillén el coliseo “El Gallo de Oro” en el Jirón Guillermo Damsey; el cual después de unos años, paso a ser propiedad del Sr. Iza Jamis; vendiendolo sus herederos años después a los hermanos Humberto y Walter Chang, que se vieron obligados a cerrar  por el aumento de los problemas de seguridad para los concurrentes, en las afueras del mismo y el incremento en la Oferta de coliseos dentro de la gran Lima. “El gallo de Oro”, llegó a ser el máximo exponente de la afición a los gallos de a “pico y espuelas” en Lima durante muchos años. Lo que le valió fuera bautizado con el nombre de “la cancha grande”; donde afluían galleros de todo tipo y condición a pelear los gallos que sobresalían en los coliseos de la periferia; los que muchas veces en los ruedos de su zona, no es querían “echar gallo” por la fama de buen reñidor que lograron a través de sus repetidas victorias.

A parte de los asiduos concurrentes que con sus gallos daban calidad al espectáculo, el coliseo también era visitado en fechas importantes, por aficionados de provincias; y en Fiestas Patrias por algunos aficionados   foráneos provenientes de Chile. Los días Sábado se apreciaban las mejores peleas; pues los días Domingos, hasta ahora, las peleas se realizan en la mayoría de coliseos de la periferia.

     Durante las décadas de los años 60 a los 80, se incrementa la apertura de      

nuevos coliseos en un inicio, muchos de ellos de condición modesta. Muchos de los cuales, han ido mejorando su infraestructura, para mantenerse vigentes

Es conveniente hacer hincapie en un evento que fue el quiebre y marcó el final de una época y el inicio de la actual en cuanto a espectáculo se refiere, cambiando la coyuntura que lo conforma, como el tipo de arma, tipo de gallo, reglamento, modalidad y límite de pelea, dinámica del espectáculo, etc. Y es que en el año 1969 se efectúa el campeonato internacional de la “Feria de la alameda”, organizada por ENTURPERU y auspiciada por la cervecería Backus &Johnston, como parte de una serie de eventos de promoción turística; a la que fueron invitadas delegaciones de Chile, Colombia, Ecuador, España, México, Panamá y Puerto Rico; los que trajeron consigo, diferentes tipos de gallo, armas y reglamento.

A partir de aquella fecha, se inicia el paulatino cambio de las armas, desde la espuela de gallo natural o postiza prensada, a la actual espina de pez sierra. Pasando por las de carey, espina de raya, cuerno de venado, hueso, diente de lobo, Nylon y algunos otros tipos de material no metálico.

El tipo y estilo de pelea de los gallos, también fueron cambiando desde un mestizo oriental, compuesto por diversas variedades de gallos japoneses, Aseel, malayo y algo de inglés. Al mestizo bankivoide español, mestizos de Chile, Colombia, Puerto Rico, México, República  Dominicana y algunas pocas variedades Norteamericanas.

Cambiaron también los usos y costumbres de los aficionados, dejando de concurrir con el mejor terno dominical al ruedo. Cambiando por ropa sencilla y hasta polo y zapatillas. Se dejaron de lado los secretos herméticos sobre crianza y sanidad, por normas y conceptos técnicos comunes y casi generalizados. La soberbia y el orgullo entre retadores, a veces comparable a la de los gallos, por actitudes amistosas y de camaradería.

Cabe hacer notar, que actualmente existen el Lima cerca de 50 coliseos de gallos de a “pico y espuela” de primera y segunda categoría; los que juegan principalmente, durante los meses de Mayo a Diciembre. Finalmente, el espectáculo, dejo de ser para  círculos reducidos, teniendo en la actualidad ribetes de gran espectáculo pues hay quien afirma que semanalmente en temporada, en conjunto hay más público para los gallos que en el fútbol y sólo en contadas oportunidades, se invita a través de medios de difusión masivo como algún diario o la radio; siendo el público espectador, conocedor en su mayoría y ahora limeño; pues un 90% está conformado por criadores y algunos apostadores; siendo el protagonista principal, aquella máquina biológica construida por el hombre, muchas veces aplaudida y otras injustamente despreciada, cual es el gallo de pelea.


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