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entrevista a carlos diaz hoyle
Por: carlos cogorno ventura

  

CARLOS DÍAZ HOYLE – ANÉCDOTAS

Jesús María, 24 de mayo 2005

 

Ese gallo, es el “Azulejo” ese gallo se llamaba el “Azulejo”, uno de los gallos más bonitos que salieron y buenos allá en la granja.  No, este era malayo, con... espérate... que tenía este gallo, no lo recuerdo ahorita, esta camada lo hizo mi tío Facundo.  Sí lo tenía, era hijo de un gallo, que se lo había retornado después de muchísimos años de esa línea, es el señor Soltero. Exacto, él lo llevó de regalo, hembra y macho, no sé si fue de la gallina o del gallo, que sacaron allá una camada. Sí, de Cañete era el gallo. Ya, exacto, seguramente, así ha sido porque cómo es que le retornan nuevamente, la misma cría de regalo a mí tío Constante.  Después de años, después de años, entonces allá en la granja, sacan una camada de esos gallos, no sé si del gallo o la gallina y después sale este gallo que le llamaban el “Azulejo”; este gallo el “Azulejo” solamente, jugó una vez en Chimbote, asombró el gallo, como era peleando, para su época. Lo agarró a un gallo dicen, de la entrada, lo llevó a patadas, tenía sangre, y después ya estaba muerto el otro gallo. Más o menos. Más o menos, sí, pero fue un gallo precioso, precioso era el gallo, lindo era el gallo. No, a Kisisito. Sí, me han puesto. Dice que siempre habían en los alrededores de Trujillo, certamen de pelea y los invitan una vez a todos mi tíos, a Simbal, que habían, ...habían el sembrío de coca, de caña de azúcar, mate también había; bueno, sucede de que fueron, estuvo allí el japonés Kisisita, estaba Antonino Nieto, estaba... este como se llama... Ismael Pregoz, bueno, habían varios aficionados de Trujillo, entonces hicieron unas peleas y comenzaron las apuestas, comenzaron a apostar por aquí, por allá; pero en medio en una de las peleas, comenzó a ganar los gallos de Trujillo, comenzaron a darle duro allá en Simbal, que resulta, que Kisisita terminó la pelea y gana Kisisita su gallo, pero Kisisita lo ve, de que se mete entre los cañaverales o cocales, no me acuerdo, y que resulta, de que... oye, le dice, se te está escapando, que ha pasado contigo; sí, sí, dice, pero tú, anda y cobra nomás, yo he regalado la apuesta. Pero porqué le dice, mira cintura, mira cintura, se llevaba tremendo machetazo, hasta el suelo, pues, se estaba yendo. Anda tú cobra, yo he regalado la apuesta. Ah, hay de todo.  Estaba una tarde ahí en el coliseo, Juan Joya de repente pierde un gallo de don Juan Joya; y vienen y le dicen, don Juan, de quién es este gallo, que gallo, de Kisisita... carambas, en otras palabras, le dice: “Tú cuando ganas, cuando ganas son Joya y cuando perder son Kisisita, no”, caliente estaba el japonés. Ah, fue para el matrimonio de mi sobrina Gina, la hija mayor de mi hermana. Hace años, ya tiene nietos, o sea que mi hermana tiene bisnietos; tú sabes de que todos quieren rejuvenecer, así es que mi hermana me dijo hay que pintarte el pelo, como tenía todo en las manos, no le digo yo estoy bien así nomás, no me dice, hermanito, hay que pintarte el pelo, me pinté el pelo, un matrimonio pues lindo, todo bien elegante y qué resulta, no sé si fue, ese mismo día creo que fue, o al día siguiente fue, que hubieron gallos, pues,  me fui al coliseo de gallos. Al “Gallo de Oro”, agarro y me subí a la última fila. Me subí a la última fila y observaba las peleas, estaba acomplejado por lo que me había pintado el pelo, entonces estaba recostado en una baranda, cuando de repente me doy cuenta de que abajo en primera fila, el maestro Oliva, el señor De la Fuente, todo ese grupo que estaban adelante empezaron a mirar arriba, el maestro Oliva los codeaba y me señalaban y me dijeron Chale. Yo como si nada, ni les daba importancia, ni los miraba volteaban, Chale, nada; uno dice, que parecido a Chale y decía, es o no es; a ver Marquitos, Marquitos, el maestro Oliva le dice, ven hijo, sube a ver si es Chale o no es Chale, yo quería morirme de la risa pues, no ves que me estaban señalando; pero para esto, ya toda la gente, al ver que estaban señalando arriba, todos comenzaron a mirarme, tú sabes lo que es, como quinientas personas que te miren, que tú seas el punto de vista ahí, ya había terminado la pelea, y seguían con eso; viene Marcos, y me dice, hola Chale, como estás, saludándome; yo no le hice caso, seguí mirándolo nomás; Chale, no te hagas pues Chale, pero ni me tocaba, nada, estaba inseguro él; entonces yo dije este está inseguro, yo quería reírme pues, pero me estaban mirando de abajo, también aguantaba, miraba a todo mundo, cuando pun, pun, pun, se baja el chico; papá le he hablado, pero no me ha contestado, yo creo que no es, pero es bien parecido, igualito a Chale; no ves pues papá, así no, pero es bien parecido; pun, se sentaron, pasa otra pelea y voltean a mirarme otra vez, comienzan a mirarme; oye le dice, Marcos, estas seguro que no es, sí papá ya he ido, no es, Chale tiene el pelo blanco, este tiene el pelo negro, este es más joven, le dice; bueno le dice, anda pues hijo, por última vez, anda y ve si es o no es; pun, pun, pun, se subió las escaleras, se dio la vuelta y se me puso, primero al lado izquierdo, después se puso al lado derecho, Chale me dijo, tú eres Chale, no?; y yo no aguantaba más la risa, pero no aguantaba más la risa, porque todo el mundo que estaba en la cancha me estaban mirando, yo veía que me miraban, parecía luciérnaga; cuando volteó, ya no me pude aguantar más la risa, sí, soy Chale; se han reído, es Chale, toditos, es Chale, míralo Chale, que tal, como nunca me imaginé, no me imaginé nunca esta situación oye. Sí pues, no sabía qué hacer, estaba acomplejado. Te voy a contar, había, tendría aproximadamente, nueve años, nueve o diez años, máximo; pero yo criaba mis gallos, desde los siete años, desde que abrí los ojos ya, con mi abuelo. Lo acompañaba y tenía mis pollos, tal es así que el primer pollo que me regaló mi abuelo, fue un pollo moro, yo pensé que un moro y a un amiguito que era el guardián, de uno de los solares, que tenía mi abuelo allá, le regaló también un pollito; a mí, mi moro, feliz y contento, desde chiquillo, iba creciendo mi morito hasta que estuvo grande, me fui a darle sus primeras patadas, con el gallo de  mi amigo, que le había regalado también mi abuelo, cuando vi que se encrespó, le hizo, se erizó para querer pelear, dos, tres patadas, el moro salió corriendo, el pollito, siendo de la misma edad.  No, es que era un gallo moro chusco, de comida. Esos plumones, entonces, desde ahí ya yo les agarré azar a los moros, incluso yo he escuchaba siempre en esa cuestión. Moro, ni de oro; bueno, ese es un pasaje que te puedo decir, desde cuando he estado chiquillo; resulta que cuándo va pasando el tiempo y seguía preparando mis gallos pues, que eran de mi abuelo. Si nueve, diez años, pero ya los preparaba mis gallitos; primeramente, los ponía en el sol, estaba parado ahí, esperaba hasta que comience a cesar y los quitaba; luego los hacía topar; veía como los preparaba los jugadores; si no que es parte que mi abuelo nunca se interesó en preparar gallos, tenía ahí muchachos que les haga tomar agua a los animales y eso también lo hacía lo mismo. Bueno, pero que resulta que amigos de mi abuelito, eran mucho mayores que yo. Personas de veinticinco, treinta, cuarenta años, el papá de ellos, de los Riscos, tenían por lo menos cincuenta y cinco años, más o menos, ya eran hombres de edad; que eran tres hijos, tres hermanos, el señor Risco, eran cuatro, todos eran adultos; y una vez llevé mi gallito a la gallera, un pollo, y ellos vienen y me paran un gallo, pero con punta, ya los pitones tenían punta; no le dije, con eso no va, si es un gallo viejo, nonono, no va, tiene punta; pero como nosotros los asentistas estábamos obligados a hacer pelea, mi abuelito agarró y le dijo,  has la pelea nomás, me dijo, has la pelea nomás; bueno pues, va la pelea, le dije, va la pelea; soltamos gallos, y el mío comenzó, pin, pan, pan, le pegaba al otro gallo, lo aguantaba, lo aguantaba, total que llegó un momento y el otro estaba como monstruo, lo aguantó a mi pollo y declararon tablas, veinticinco careros y tablas, veinticinco careos, tablas dijeron. Entonces le dije, mi pollo le ha dado duro a este gallo, no voy a dejar, lo voy a dejar para otra vez, pero dije, la próxima vez te ensartas, cuando ya el mío tenga puntita, no importa que  el otro tenga, pero llegó el momento, que el pollo estaba como una seda, bien correteado, por aquí, por allá y yo lo hacía correr, correr y correr, yo no medía el tiempo, sino la fatiga del animal, nada más, para mí era eso indispensable y que iba a estar con reloj, ni nada de eso, veía el gallo, total llega el momento, en que estaba lista la pelea, me llevo mi pollo, carambas, a la gallera; habían pasado como dos meses, y estos Riscos agarran, por coincidencia, llevan el mismo gallo que había entablado con el mío, entonces yo lo reconocí este gallo y dije, la vez pasada me entabló, espérate nomás dije. Pero es que al salir del corral, pasar por una puerta, ahí había un batán, donde estaban moliendo ají, un batacazo y una piedra y todo amarillo y dije, y las patas de mi gallo eran amarillas; fíjate como es cuando uno está chiquillo. Entonces se me vino a la cabeza, dije, un poco de ají a las patas, le pasa por los ojos, le va a arder y se va mandar mudar; pero yo decía, y si el mío se acerca. También había, bueno, esa duda tenía. El mío se acerca y también  se frota con el otro gallo. Bueno, va la pelea, va la pelea, yo bien guapo ahí, fui el que le dije va, va la pelea, ahí mismo contra ellos; no sé si fue con veinte soles, ahí los que apostaban cinco soles, cinco soles, cinco soles, hasta juntar veinte soles. Total que él, era un cojito, don Pedro Alva era el juez, un cojito que andaba con su muleta, no lo soltaba porque si no se caía. A ver para limpiar los gallos, yo esperé que lo limpien primero al otro, pan, pan lo limpiaron, lo limpio, las patas, le limpio la cabeza, cuando vi que primero le limpio las patas; yo agarré y al contrario, le puse primero la cabeza, para limpiarlo, ya; y después dio la vuelta de mala gana; ah, dijo así; y agarro y veo que don Pedrito Alva, da media vuelta. Caminando metro y medio más o menos, y comienza a frotarse el algodón y lo veo que comienza a llorar, comienza a salir lágrimas de los ojos y lo queda mirando al otro, y me queda mirando a mí; el gallo, el gallo dijo, yo no sabía, y agarra y dice, tú has sido, nada más dijo, y no dijo ni una palabra más; tú has sido le dijo y siguió la pelea, jajaja, yo dije, ya se había dado cuenta el viejo, de la cuestión. Soltamos los gallos, pin, pan, pun, pan, oye, yo no sé cómo diablo, en qué momento, el otro gallo que era tan guapo, de un solo carrerón, hasta arriba. Hasta la tribuna, se mandó mudar, y en vista de que corrió el otro gallo, corrí gritando, ya, ya, el, soltó la campana, agarré mi gallo y me fui corriendo otra vez hasta la casa y a lavarle las patas bien lavadas; bien, bien lavaditas, había jabón, lo dejé ahí, lo aderecé, todo normal, como si nada hubiera pasado, fíjate, en el Perú, que fue la única vez. No, esa fue en Carabamba. No es Carabamba, es Cajamarca. Bueno, siempre he andado pues, con Raggio al final viejo.  Con Juan, Juan papá, entonces él trabajaba en la estación del ferrocarril, el pintaba, él era el pintor ahí, de los vagones, para pintar, los doce vagones, se demoraba un año, en serio, vagón por vagón, lo pinto o no lo pinto, lo pinto o no lo pinto, todo el año se pasaba pintando todos los vagones.  Bueno, que resulta, de que ahí tenían las fraguas y le digo, Juan, qué estás haciendo, porque yo lo visitaba ahí;  aquí estoy haciendo unas espuelitas de acero, y le digo, para qué, si no se juega de acero; no me dice, para probar los gallos, bueno, está bien, pues. Bueno, total que, conversamos, pasa el tiempo, y le digo, y las espuelas, deberas,  las espuelas que tú estuviste haciendo; aquí están, me dice, huy le digo, peo esto está que se rompe de la esquina, de la base, mira ve, se rompió, estaba con un hueco a un costado, completamente hueco, pan, se rompió, pero había quedado igualitito, igualito la punta de esos cactus, no hay unos cactus con una punta, como se llama esta planta. Acá tenemos en los jardines. La tuna. Eso. No tiene en la punta una aguja.  Nonono, unas hojas largas así. Que tienen varias ramas, Sísísí, entonces me fijo, y le digo, oye, mira ve, igualito a esas pencas, le digo; si pues, y le digo, regálame esta, si  no te sirve, llévala pues me dice, había hecho cuatro pares de espuelas ahí, bien bonita, me las lleve, sin la menor intención ni nada por el estilo, como se llama, de hacer esa cuestión, yo lo que pensaban era ponerle su base, y lo hice; le puse su base, pero ajustada nada más, pues bien, total que un día, lo probé se movía, se movía,  agarré y le puse esa vez con Soldimix, quedó perfectamente su base con su Soldimix. Muy bien, y veo pues de que... ah, nos fuimos ya invitados a Cajamarca, a jugar los gallos, fuimos invitados por Koki Ganosa a jugar gallos a Cajamarca, cuando voy hacerles una, gastarles una broma, con mi gallo no la hago, dije, ni de a vainas y si sale mal jajaja, son capaces de desatarme hasta a mi gallo, agarre; Chale que ármame, ya, de ahí a uno, a otro, a otro, ganaban, ganaban, entablaban, la mayoría de gallos ganaba; prácticamente, me había vuelto un profesional ahí armando gallos, así es que al día siguiente, que fue el primer día; al día siguiente la cosa estaba más tranquila, bueno y se me vino a la cabeza, esto es igualito a la penca.  Igualitito a la espina de la penca, esa pues, entonces. Voy hacerles de una vez, que chale ármame el gallo, pues, se coloca ya en los tendidos había armado, esta espuela, como se llama, esta espina, está cañón, por montones afuera, de todo el camino. De Cajamarca a los Baños del Inca, había a un minuto, hecho un coliseo ahí, en la feria, agarre y pac, pac, pac, me corté varios, como pasas haciendo hora, claro amárrame Chale,  les digo pero yo voy a armar con esto, ya me dijo, ármalo nomás; si tú eres el maestro, me dicen, agarré, pan, las puse encima, a todos, ni una, pegados al       pitón así, como no tenían base. Entonces los puse pegado  al pitón y comenzaba a amarrar y todo crac, crac, se rompió la primera, creo que hasta tres veces se cambiado espuelas, en esa época, entonces, ha cambiarlo; le vuelvo a poner la otra, la misma, como se llama, de la misma calidad, y se vuelve a romper; no Chale, ya no le pongas, que por aquí,  esa cochinada ya no le pongas, déjenme a mí les voy a poner, saco la espuela, ya era la de acero igualita a  eso, con su base que ya tenía, juaj... se la pongo ahí, lo amarré y todos los gallos comienzan a gun, gun... cuando de repente el otro gallo, se corrían o se tiraban de cabeza, me parecía que le metían, como si fuese un taladro oye,  que contundentes eran esas agujas oye, total no demoraban, las peleas duraban dos minutos, tres minutos, máximo, ya, una vez que ya terminaba, lo sacaban; al tercer día, eso lo puse una sola vez, al tercer día al ver como quedaban, los dueños de los gallos veían como quedaban los animales, carajo, destrozados; al tercer día que ya terminó, el que menos, todos los cajamarquinos estaban con agujas de la penca, para ponerles. Cuatro empates, cuatro espuelas hay caray, que lindas anécdotas. Sí, estaba en Trujillo, con Conti nos fuimos. Al menos setenta y cinco más o menos, Jorge estaba muchachito también, él llevó allá, a su famoso, como se llamaba “Metralleta”, era así un gallito ajiseco chiquito, que era una metralleta... papapapa, tenía cinco peleas, pero que tal cantidad de patadas que “Metralleta” se llamaba, lo llevamos a Pachacámac, entonces la armamos, ya con sus espuelas, la armamos todo, suelta al gallo, yo no sé cómo me doy cuenta, le pega un tiro por acá, al gallo el “Metralleta” y se le viene la sangre... ufff... así pero la yugular, le voló el pescuezo y estaba delante de mío, soltando gallos, ahí nomás se había soltado este, agarro y cojo al gallo, este, me ahí me agaché nomás y lo recojo, para qué lo coges a mi gallo, que esto que el otro, y vino caliente, mira le dije, por esto lo recojo; a está bien, disculpa. Nos salimos afuera, oye, alabando al gallo, pero el recuperó. No quería pararle la hemorragia, bueno le dije, este gallo a Trujillo yo me lo llevo, yo lo voy a cuidar, para curarlo para la primavera le dije; te lo llevaras, sí, le dije, allá a punta de vitaminas que le voy a dar, para sacarlo; ya pues, no sé si es para primavera. Total que listo, llega la primavera, lo sacamos el gallo para cotejar, lo paramos ahí, y del frente viene Pepe, primo, qué cosa le digo, que el gallo ya está vendido, lo había vendido, lo he vendido en quinientos soles, delante de todos, total no va jugar, no, me dices, ya está vendido, toma, mis cincuenta soles. Agarré otro gallo, aquí lo tienes, a Cánova se lo había vendido, a Cánova de Piura. A él, al papá, a él le había vendido. A no, no, ya no, si ellos y no se dieron cuenta. No, de ninguna manera. No, no, nada de esas cosas, como pues un señor, como va a estar haciendo esas cosas. No, yo quería probar, ver, como era, cómo se desempeñaba esta espuela adaptada, era de acero.  Sí pues, claro, es cierto; bueno, para esto, en esa fiesta que hubo que te digo que le vendió el gallo, iba a ser inauguración del Coliseo de La Libertad, claro, oye, ya viene la inauguración del coliseo de La Libertad, ahí vamos a jugar. Al “Metralleta” y lo vende; muy bien,  Raggio, Juan Raggioo, saca un cenicito tuerto, hijo de un gallo del famoso “Chancaca”, el gallo famoso “Chancaca”, costó sesenta soles, y yo iba apostar, de mano en mano, mil doscientos soles, iba jugando, jugando iba ganando, para matarse de risa,  y ese gallo fue a parar, a las manos del negro Corcuera “Chancaca” y Corcuera se la prestó al “Rayo” para que saque una camada; “Rayo” saca una camada y se lo entrega a Corcuera, ese día yo estuve ahí, y le digo, quiero darle unas patadas con un pollo inglés, que me han traído; sí, acá hay un inglés que me han traído... cómo se llama.  Por ahí nomás por Trujillo, de una señora que pasó en el medio día.  En su costalillo que lo tenía en la agencia, que se los traía a  matarlos acá en Lima, ahí están dos pollos, tu tienes que a la casa, regresar con dos gallinas por cada pollo, ese era el gallo inglés y yo le dije que era inglés, porque era bien camión, alto, ajiseco, bien hermoso, todo; pero era pollo y me dice, ya; suéltalo, lo solté, así nomás con pitones, pun, pan, pun, le echa mano el pollo, pannn... bajo su carro, un carrito viejo que tenía que parecían murciélagos, con los faros adelante. De esos tenía, con su capota de tela. Ya, exactamente, sácalo, Corcuera se metió abajo, sacó su gallo de abajo otra vez, suelta, pon, pon, pon; una patada en la primera, pac, pac... bajo el carro, no te miento lo volteó tres veces, haciéndolo volar bajo el carro, entonces le dije, ya está bueno, mi pollo se vaya a malograr, tú gallo viejo. Oye, le digo, si quieres te lo cambio, ya había visto al pollo, ya me dijo, huj... lo agarró, lo que más quería, me agarre el gallo y me lo llevó. Sí, pero gallo viejo, partió y yo contento con mi gallo, para sacar cría, de allí de ese gallo con una gallina que tenía Malaya, haya en Grau, agarre para sacar camada y salió un cenizo tuerto, extraordinariamente ese ganaba solo con el juego  siendo tuerto, muy  bueno. Que resulta, bueno, ese gallo era papa de un cenizo que tenía Raggio, que lo llevaron al coliseo. Raggio llevo el hijo de este gallo,   del que yo le había cambiado, lleva al hijo,  porque Raggio había sacado su camada y estaban grandes yo los había visto, los buenos que eran los gallos, entonces, lo lleva el gallito pues al coliseo, hicieron una  pelea con el gallo de… agarra y empiezan pues y pues y ármalo pues tu chale me dijo, que mi gallo, porque a ellos le gustaba armar, trae para acá, toma me dijo, en eso en la silla nomas, que lo arme que no hable ni una palabra y que lo ponga nomas, agarré, acepté, eran negritas, total, no el Rayo, las que las había hecho y agarre, agarran y sueltan gallos y van lo metí al gallo del chino que el gallo del chino era un gallo tan bueno y fuerte que  le pegaba fuerte también al gallo y el gallo comienza y  sale  izquierda derecha, izquierda derecha, izquierda y derecha, a qué hora voltea yo le decía, a qué horas, a qué horas, ya le había metido uno, pero le sacó sangre y él otro, patadón, patadón por detrás, hasta que  en una de esas, se avienta encima de la gente, el gallo del “Rayo”, se corrió. Sí, el hijo de él, se corrió, si el otro era un animal, que le pegaba durísimo, total, que bueno, lo trajeron a la prueba, ya no quiso, agarraron y lo metieron al costalillo, ya se iban a ir el Beto  con el gallo, cuando nonono, el gallo no sale, dice que está con espuelas de acero, comenzaron ahí a decir, un grupo de ahí de los vecinos; nonono, entonces mi tío Víctor que estaba ahí, a ver usted don Víctor, mire usted las espuelas de estos, si son de acero, o no son de acero, porque están hablando acá que son de acero, no, sabes qué cosa. Le ganó la confianza Serapio al grupo este que estaba ahí. A los Orbegoso. Entonces le digo, saca el gallo, lo saco, y le enseña y le pone así a mi tío lo toca; no hombre, que va a ser de acero, ya lleva no más, que va a ser de acero.  Bumm, lo metió al costalillo y se lo llevo. Después agarra mi tío Víctor y me dice, de quién es el gallo, le digo; ya fue, pero que no lo vuelva a hacer. De las que hacen la fibra de Maguey, eso lo cultivan los mejicanos, para hacer unas fibras, se saca la fibra de ahí.  Ya, de ese tipo, de la puntita. Sí, hasta negro es la aguja esa. Una sola sale. Lo gracioso es, que ahí en Trujillo estaba en  Francisco Pizarro, estaba, como se llamaba... como se llama, el papá de los señores Marquina, muy aficionado a los caballos de paso, de los mejores caballos, un hombre de primera, adinerado; total que estábamos en Francisco Pizarro en una, le estaban cortando el cabello, así es que plac, plac, plac; y ven pasar un caballo de paso, oye mira, como se llama, de quién es ese caballo; ese caballo que está pasando, de Salas le dice; Carlos Felipe Pinillos era un señor le dice, como se llama, junto al letrero, este pero no sabes, mira tú el caballo, no te he preguntado quién lo monta, ah, es un alazán le dice, y espera pues él, tenía la paciencia de agarrar y le esperó; entonces otra vez viene de regreso pues, me permite el caballo, como no le dice, pun se sube y le comienza a dar una vuelta a la manzana, luego baja, el caballo es muy bueno, pero no es para otro animal que lo sube, le dice, pero no es para otro animal que lo monte.  El caballo es bueno, pero no es bueno para que otro animal que lo esté montando. No, lo escuchó, le escuchó nada más. Una estimación de mi tío José Juan. Ahí estaban en los afiches, siquiera para sacarle una foto, ahí está.  Yo le voy a decir a él para sacarlo. Que había comprado unos gallos gallinos fatales, viejos, Pepe. Claro, él es pues de la época de los gallos famosos, después aparte, yo tuve también la oportunidad, cuando era estudiante, de ver los gallos ingleses, que por primera vez habían traído a Chiclayo, el padre cura Pita, él me contaba de que él había visto esos gallos; dice que el cura Pita iba a jugar un gallo de él, mira ve, ponía su reloj encima del picadero. Y que ya pasando los cinco minutos, el daba por perdida la pelea, lo recogía. Ya no daba más. Seguramente, ya no daba más. Así es, bueno, como te contaba, el tío entre Gamarra y Grau, en una de estas esquinas, la que daba a los chifas que habían antes, por lo general, a partir de las seis de la tarde, cuando salían de su trabajo, se reunían ahí todos los días, no solamente el día sábado, domingo, nada, todos los días se reunían ahí los aficionados a los gallos. Ahí encontrabas  al señor Valle, me había olvidado de contarte, la vez de pasada, estuve en esas correterías, no pude; después estaba Víctor Corso, estaba Urquiza también, estaba Miguel Ganoza, Macario Ganoza que es hermano de don Miguel, después estaba, un viejito Rubén, después, varios aficionados de por ahí, pero la cosa era que todos eran de edad, y también a veces se reunía de Ascope, era Morita, Anchay, después hay un chinito Anchay, que hasta hoy vive, una vez lo di por muerto, me dijeron que estaba muerto, pero está vivo, perfectamente y empezaban a contar; don Víctor le decía, hay dos, Ismael, te acuerdas en aquella época, cuando se hacía los viajes, allá a Chiclayo, nos íbamos; sí, don Víctor, nos íbamos, y en que se iban, nosotros nos íbamos en burro, nos íbamos en caballo y llevábamos los gallos, te acuerdas cuando decíamos, ya se acerca la quincena, teníamos que ir; cualquiera nos escucha eso, no sabe por qué, era porqué, porque iba y les ganaba su plata, allá a los espectadores de lorna. Tenían mejor calidad de gallos, esa es la verdad de las cosas, mi tío los llevaba de acá, esa es la cuna de gallos de defensa, se dice la cuna porque han habido gallos orientales, que venían a exhibir sus gallos, jugaban Hoyle, no llegué a conocerlo, Kisisita; al que conocí ya al último un chinito Chang, después era chino Ching, más alegre y después, como se llama, vino, ya últimamente vino Ishikawa.  A él sí también, gran amigo, lo respetaba yo también, nos respetábamos, muy buena gente, muy buena gente, él era compadre de Serapio Alcántara, que ya falleció, él es papá del doctor Alcántara, Pablo Alcántara, no sé si ya está jubilado. Todo, todo ese grupo tenían gallos orientales, pero sucede lo siguiente, que esta era una corriente de gallos orientales; ahora la otra corriente de gallos orientales, que entra por ahí, por Puerto Chicama, dicho sea de paso, mi tío Constante Larco, me dijo que los primeros gallos japoneses que entraron al Perú, entraron por ahí, por Puerto Chicama, él cuenta que cuando estaban muchachos, llegó a saber de por ahí y él conoció dice, que los gallos, entraron con un japonés Murakami los tenía, de ahí pasó a una hacienda, la hacienda Roma, ahí los tenían, ya no lo tocaron a la hacienda Roma y ahí tenían a los gallos japoneses, pues, no recuerdo ahora el nombre del señor que tenía los gallos en la hacienda Roma, no, a Casa Grande pasaron; a casa Grande, y este señor era muy, muy aficionado, sacó muy buenos gallos, dice que fueron tres gallos, a la final acabaron tres gallos japoneses, un giro negro, un cenizo y un negro; de ahí salen todititos, tres y se esparció por todos, por el valle Chicama, y es por eso de que, como ellos les metían gallinas nacionales, de diferentes sitios, salieron gallos con diferentes estilos de pelea, tal es así, en Trujillo eran más conservadores, te das cuenta, que resulta, que en el mismo Trujillo, te veían jugar un gallo, acudían muchas veces al valle Chicama, a buscar el gallo apropiado para ganarle a ese; a veces quedaba mucho más allá. Ah, esa es buenaza también, bueno eso también me la han contado. Él que me contaba a mí, todas esas cosas, era don Ismael Feijoo, que era el nieto en esa época, de que pactaban una reunión de gallos, una reunión de gallos, estaban ahí, y bueno, jugaba un gallo con don Juan Hoyle, de quién es, de Kisisita, perdía ah, perdía; don Juan, de quién es este gallo, había ganado el gallo, pues, mío, de quién puede ser, mío; juega otro gallo, ya, y pierde ese gallo; don Juan, de quién es ese gallo, Kisisita; que tanto Kisisita, ni Kisisita, cuando perder, son Kisisita, y cuando ganar, sí son Hoyle, amargo con otras palabras, al mejor estilo del japonés, caramba, después se puso en una, molesto se puso, dicen en ese día. No pues, pero ya había, cuando perder... a no, el gallo que ganó, era de Kisisita, por eso se amargó. Y le preguntan, don Juan, de quién es el gallo, mío le dice, mío, cómo cuando gané son tuyos, cuando perder son míos; jajaja, el gallo era de Kisisita, el gallo que ganó; cuando ganar son Juan Hoyle, cuando perder todo es Kisisita.  Así pues, es bien anecdótico, yo venía de Trujillo. En una concentración fue, sí, los Lozada casi se mueren de risa, lo que se han reído ahí.  Dice que el señor Hijar, no sé qué había pasado. Había un problema, ah ya sé, era el problema que había pasado con un aficionado y que después había mal sentenciado la pelea. Fue ese día en que un gallo, no me acuerdo bien de la pelea; sale el gallo, le pega un par de tiros y abandona el ruedo y por lo que abandona tres veces, está loco el gallo; agarran y dice, bueno, ya perdió el gallo, entonces viene el otro y le dice, oye, como vas a consentir tú, de que te ganen así de esta manera. No lo ha tocado, estos hacen el laberinto, hace el laberinto, y en ese momento entra el señor Visa, en caso que no, tranquilos, tranquilos, tranquilos, caramba, fue el mediador ahí en esos momentos, bueno, lo aplaudieron mucho, porque había sido el mediador y todo lo demás, que habían ido hasta el juez, hizo una manifestación, volvió a decirle que traigan a los gallos, habiendo ya sentenciado, entonces el  agarró y el señor Visa, lo que ha hecho el juez está mal, porque una sentencia dada, ya no puede retirarse; entonces volteo para que lo saquen y los que estaban, el amigo de Jorge, estaba de juez, eso entonces en antesala; pues bien, pasan las horas y no sé qué cosa quería hacer una invitación, el señor Visa, quería hacer una invitación al coliseo, entonces fiufiu... comienzan a pifiar, que salga, porque querían ver peleas; tranquilícense, tranquilícense, tranquilícense y nada. Y le gritaban. Había un mejicano que no me acuerdo ahorita, “Tres Patines”, Tres Patines” le gritaban, “Tres Patines” sal, sal “Tres Patines”; tranquilos, yo lo que les quería decir es dos puntos, una, que están invitados al próximo domingo, que es una demostración, que viene ¡ya fuera!; la otra viene acá, que cuántos de ustedes serán mis hijos, y ustedes no lo saben.  Uyyy... caramba, esa gente se ha reído, no te imaginas lo chistoso, la forma, como lo dijo. Pasu, oye, era para matarse de la risa, y la forma como lo decía, que parecía como “Tres Patines”, en realidad “Tres Patines”, como es el artista, se parecía, tal, tal, se parecía pues al artista, muy buena persona, mi amigo, tiene un parecido a un artista. Bueno, el pollón, que ahora está en todo su auge. Y es el que manda en la afición de gallos, moderna, que lo buscan desgraciadamente ahora, es la economía, el gasto; pero el pollón en sí, como afición, fue una idea de don Carlos Talledo allá en Chiclayo.  En el mismo Chiclayo, para mí fue una cosa novedosa que haya salido ese tipo de juego, que el gallo que gane en menos tiempo tenía un pozo acumulativo y eso es lo que llamaban posteriormente, el pollón. Cuando estaba este señor Bracamonte, allá en Chiclayo, ahí en el “Punta Roja” pues, en el primero ah. Sí, antes, porque primero lo tenía un señor Bracamonte, desde esa época, ya había esa modalidad.  Bueno, el que salió con esa idea, fue don Carlos Talledo. Sí, él lo organizó, todo eso, ahí debe haber programas posiblemente, voy a ver, allá en Chiclayo todavía deben de guardar esos programitas, donde aparece. Claro, claro, dentro de las cosas don Carlos Talledo tiene familia acá en Lima. Ya falleció, voy a pedir a ver si hay algún programa, a él le gustaba hacer esos eventos. Sí, para mí, ya eso no es novedad eso, cuando vine acá, cuando vine a Lima, ya no era novedad, ya los conocía, pero carambas, ahora sí es novedad porque veo que ponen cantidades buenas. Por el premio pues, ahora el gallo se presta para este tipo, de premios, porque como ponen como condición, sea el tiempo, entonces las dos mejores cualidades que el aficionado, ha encontrado en un determinado tipo de gallo, es el acierto y la ligereza, nada más. Allá era, creo que cinco minutos aproximadamente, cinco minutos, hay gente que se hacía un pollón de dos minutos, caramba. Al maestro Liro le dieron un premio, una copa inmensa, pero no sé, si estuvo incluido en el pollón, en esa época.  En esa época no había pollón. Ya ves, pero ya anteriormente, había hecho eso Carlos Talledo, don Carlos, y eso prácticamente, atraía un montón de aficionados. Ahí en el coliseo de mi abuelito, porque mi abuelo tenía un coliseo, en la calle Santa, en Trujillo y me tocó carear un gallo.  La verdad es que yo no recuerdo. Aquí, era careador por parte de los amigos del barrio. Tenía diez años, diez, once años; total que nosotros nos agarrábamos contra todos los que venían de Chiclín, Cartavio, Chicama, Ascope; Trujillo les hacía la parada, en todo, el barrio de La Unión, todititos; entonces una pelea un poquito difícil y yo me presté a hacer, a carear el gallo, accedieron pues, entonces, porque la mayoría eran puros viejos nomás. Entonces, me metí a carear al gallo y entra un gran aficionado como era Morita de Ascope, no sé qué diablos hizo, me metía al gallo, yo inteligentemente, para contarles las faltas y eso, solamente agarraba al gallo y pan, lo paraba y ellos pan me aventaban el gallo, entonces les contaban las faltas; contaron una falta y lo cortaron, una falta y salió... lo sacaron, que porque, afuera, lo botaron; otro, entra el más maestro de todos, eso fue lo último, entra, dos así, me pararon el gallo, yo también otra vez lo paré bonito y lo deja bien abierto a propósito, lo deja apropósito, entonces yo hice la intención de querer agarrar el gallo y el otro se me adelanta y juaj... otra vez lo empuja, afuera, el perdía. Hice la intención nomás de querer, pero no lo agarré, nada; pero se metió.  Sí, lo botaron; entra al último Alejandro Flores, ese era maestro careando. Don Alejandro Flores lo agarra al gallo, lo agarra, yo también lo puse bonito, pero lo agarra el gallo, no sé cómo diablos lo agarra, por abajo, y su gallo se asusta y en sus manos comienza a cacarear, y se manda mudar, perdió. Al tercero no me acuerdo, lo sacaron a don Alejandro, son cosas que no se olvidan. El juez era don Pedrito Alva, Pedro Alva, Pedro ahí pues tenía un montón de personalidades, de diferentes sitios que venían. Sí, ahí nada de vainas, caray, esa era gente de peso y muy decentes también. Don Carlos Talledo, él es de Sullana, de Sullana era. Pollón, pollón, desde un comienzo pollón. A nuestro gran amigo Carlos Talledo, todos sus mejores amigos le decían Truman. Como el presidente americano. No sé, no sé porque, pero sus amigos más íntimos le decían Truman y él se moría de risa; caray, era un hombre de mucho carisma, muy buena gente; a Carlos Talledo no lo has conocido. Pero hay que preguntarle creo, de repente él era de Sullana. Bueno, el buen Malayo, cuando yo comencé a ir a Chiclín con Julio Guzmán el que te digo el preparador, oye le digo, no está mi tío Constante acá en Lima, entonces podemos darle un toquecito a un gallo Malayo con un Shamo, podrías hacerlo, ya me dijo, sí a Constante también le gusta, toparlos los gallos así al oscuro, para que hagan ejercicios, no los deja inactivos, ya sácalo, vamos a sacarlo, saca un malayo negro como de diez libras,  entre ocho y diez libras y shamo de ocho o diez libras, déjalo ahí, a ver lo soltaron pues, lo soltamos, dos, tres, cuatro, cinco pases, cuando pummm, se metieron ahí, se cruzaron bien estrechados, querían morderse, se empujaban, pero fíjate en la inteligencia del gallo Malayo, estando arriba, bien metido arriba, no sé cómo hacía que muaaa le cambiaba el juego al otro. Por el otro lado y salía y sino agarraba en una forma repetida, daba una vuelta como de medio metro y entraba. Entraba revolando, se acomodaba de tal forma, que entraba y revolaba, pero rápido, no esas vueltitas, que de nuestros gallos nacionales, para que lo maten, no; a pasado, eso lo he visto en vivo, ha pasado años y mi hijo me dice, oye papá, habrá sido unos seis meses; papá me dice, tengo una grabación, de unos gallos orientales, quieres verlo, ahí se ve  la pelea de unos gallos Malayos; a ver, me dice, a ver ponlo, y efectivamente, me vino a la cabeza, lo que ya había visto, el gallo Malayo igual, igualitito al gallo Malayo que había visto y el gallo el otro era Shamo, era un ajiseco igualito a los Shamos, o sea que eso animales, creo que todavía hay una grabación acá. Ese tiene un montón de juegos, es un gallo de muchos recursos, muchos recursos, por eso dice, que el otro día, yo dije por qué razón en el valle Chicama, todos estos, sacaban gallos, para hacer contrapelea a los gallos buenos que venían de tal o cual otro sitio, por la sencilla razón, que esos gallos orientales con las gallinas, tenemos que han habido nacionales acá, se han acoplado a dar esos productos, diferentes modalidades de juego, es la diferencia. Sí, pero el Asil me dicen que viene del Malayo también. Pero otros dicen, que no se sabe tampoco, si es el Malayo el que daba el Asil. He leído un libro que no se sabe que el Asil es el que ha dado al Malayo, o el Malayo ha dado al Asil, pero a mí me parece una cosa. Es una leyenda me parece, porque su constitución es la misma. Hay diferentes, lo que ocurre pues en el Japón, que el gallo japonés, en el Japón hay gallo japonés que son grandes, chicos y medianos, y son de diferentes juegos. Pero todos son gallos japoneses. Todos tienen sus cualidades de defensa, así es.


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