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entrevista al sr luis gonzales alvare
Por: carlos cogorno ventura

 

 

LUIS GONZALES ALVAREZ

San Miguel, 16 de Abril del 2,005

 

 

Le voy a contar de mil novecientos cincuenta. En mil novecientos cincuenta, vivía frente a la casa de Pascual López, uno de los mejores galleros, que al menos he tenido uso de razón, de los 10 años, lo perseguía a Chale pues, por aire, mar y tierra para que me regale un pollito aunque sea, pero como él era aviador neto, nunca lo he podido agarrar, parecía avión japonés, se iba para las nubes y bajaban después de un mes, pero era tremendo este Chale, entonces, me iba a la gallera y como sus abuelitos me conocían, porque iba a casa de Chale, le digo Carlos, pero más le decimos Chale de cariño, en Trujillo y acá en Lima, entonces tenía su abuelito una gallina y sacaba gallos hermosos, muy bonitos, unos ajísecos cruzados, te acuerdas, padre e hijo le sacaba los gallos, lindos eran; entonces cuando peleaban, no hacían ni michi, entablaban. Figura no más, es que en realidad hay una gran diferencia del gallo o del año, ponle del año cincuenta, yo lo veía jugar gallitos a Chale, porque su tío le daba y sobre todo pues que él ha tenido el gran privilegio, ha tenido un tío que ha tenido más de mil gallos de pelea, como era el señor Gonzáles Larco, que era dueño de la Hacienda Chiclín, un hombre de una personalidad bellísima, un hombre buena gente, buen aficionado, no era ofensivo, no jugaba dinero y nos regalaba los gallos y en ese tiempo quienes jugaban los gallos de su tío, eran los de Chiclín, los Buchalas, Los Larios, los he conocido a los Larios, como Buchalas los he conocido más y ya ves, venían bien al terno, los domingos bajaban al terno, con su corbatita michi, hasta con  guantecitos venían, con su costalillo.  Planchados, bien elegantes, con sus gallos que pesaban seis libras, siete libras; por ese tiempo el gallo era de seis libras, siete libras, hasta ocho libras y jugaban los gallos y bueno quién le disparaba comúnmente, eran los de Chiclín los gallos ahí en Trujillo.  Entonces, como te contaba el otro día, yo veía y lo conocía a este señor Pascual López, porque él vivía casi al frente de mi casa, él era ganadero y también tenía una barbaridad de gallos, porque tenía como dos cuadras del terreno que era de él, y tenía úffff, cantidad de gallos. Entonces como él era amigo de mi padre, habló con mi papá y le dijo que me deje para que yo vaya a su galpón y de pasada le ayudaba a mover los gallos pucha, era criminal mover cien gallos, cincuenta gallos, a cada gallo se le movía una hora en ese tiempo, porque un gallo peleaba un hora. Claro, que también  hay que ver que dentro de la hora pateaba ocho o diez veces, no pateaban más, porque todo era guardia, era pescuezo, comúnmente es el gallo que nosotros le decimos y le están diciendo ahora, hace como cuatro, cinco años veo que recién se están dando cuenta que el gallo de pelea, proviene nada más que de dos razas, una que es de gallo oriental prácticamente, como el gallo asil, que es el padre de todas las razas, malayos, japoneses, shamos y todo lo que bien decir, es el gallo de la India, el gallo asil. Entonces, el gallo moderno, que se ha malogrado en sí, que es más criollo, decimos banquiba, que son gallos que ingresaban por España, por invasión de los moros, los trajeron ellos, que son gallos acostumbrados a dormir y a comer en los árboles como loros y tienen alas largas y una colaza y tienen colores para que se puedan camuflar en un árbol, en cambio usted va a ver el gallo altivo, sea malayo, sea shamo o sea lo que usted  quiera, el gallo peruano era antes legítimo, ellos no duermen en altura, a las seis de la tarde ya están viendo un rincón como meterse y si ve un banco, se mete en el banco;  tienen miedo al aire, subir arriba. No son voladores, en cambio el banquiba por naturaleza a partir de las cinco, está buscando dónde largarse; porque creo y considero que la naturaleza los ha hecho así, mientras unos vienen de un país que no hay lluvias torrenciales, ni huaycos, ni ríos. Pucha que mi compadre Chale no lo he visto jugar un gallo en veinte años. Oiga, y es algo fascinante verlo, él lleva sus gallos tres meses a las galleras, lo lleva los tres meses y los tres meses los trae, no lo hace pelear. Él me confió a mí, dice que cuando su gallo pelea y le dan una patada, le duele todo el cuerpo. Entonces, no quiere. Yo lo considero y creo que me tiene que dar la razón. Los gallos a partir del año cincuenta, considero de qué, pero usted me va a, dar  la razón, a partir del cincuenta, hasta el sesenta, setenta, ya casi todos están fallecidos; así don Pascual López, su tío, Constante Larco, los morenos de ahí de Chiclín, Humberto Larco medio loco, pero buena gente, muy aficionado a los gallos, no creía en nadie, que va a ser como sus primos, él echaba gallos nomás. Va, la pelea, como aficionado, después en Trujillo, le he conocido también a Hoyle. Claro, ha sido muy buen aficionado, Hoyle, después también he visto a Víctor Corzo, buen aficionado de gallos, después la otra persona que he conocido aficionado a gallos, bueno, él tiene un compadre que era su pata. Raggio, ese Raggio mira hablando en oro, no era ni juez, ni era ni criador, era comerciante de gallos. Una vez él me llevó a su casa y me vendió una gallina pinta por cien soles, yo tenía doce años de edad; la llevó a la gallina, más maricona la gallina, no peleaban ni con una pollita de este tamaño, se la lleve, se la devolví ahí mismo, a medio día nomás; toma tu gallina, devuélveme mi plata. Me dio mi plata, pero Gonzalito me dijo otro día que veas una gallina buena te la llevas. Pero nunca lo vi jugar gallos a Rayo de buena calidad. El Chíqui Ganoza, los Ganoza también, los Gonzales de Orbegoso, también jugaban a los gallos, han tenido gallos buenos, en ese tiempo, estaba Aquiles Gamarra, que es juez, pues ya por la edad no sé si será juez o no. En esos tiempos pues Aquiles Gamarra me corría a mí a latigazos, cuando yo iba a mirar los gallos de los Gonzales Orbegozo, yo estudiaba con ellos, en el club Libertad había un colegio para los socios de Trujillo. Yo tuve la oportunidad y la suerte de haberme prácticamente criado con los hijos de los millonarios de Trujillo. Eran varios, por ejemplo el que hace las carrocerías, Pedro Morillas, él ha estudiado ahí; bueno, he estudiado desde los ocho, nueve años con Pedro Morillas, con Marchena que es de Paiján, también que es gallero, pero también tenía caballos de paso. Es una sola familia de Paiján. Escúcheme, entonces prácticamente,  yo he conocido bastantes amigos que han sido del círculo social de acá, de mi querido amigo Chale, porque él pertenecía al círculo social, nosotros éramos hinchas de él, porque allá pues en Trujillo por la costumbre trujillana antigua, hoy día pues, hay una invasión de mongoles en los cerros, que es raro encontrar un trujillano, con una casa trujillana que sepa las comidas típicas de Trujillo. El shambar lo hacen, pero vaya a verlo como lo hacen. Le ponen chancho, un montón de  cosas le ponen. El shambar comúnmente se hacía antes en Trujillo los lunes, se decía para curar el cuerpo de la borrachera. Los ingredientes del shambar los traen de Trujillo, acá no hay. Entonces, al menos de niño, me considero niño porque en ese tiempo eran niños hasta los veinte años, nadie podía fumar, nadie podía ir a una fiesta; la fiesta era más para mayores de edad, ya de veintidós, con bigote, con libreta electoral. La libreta electoral creo que la daban a los veintitrés años. Así era, que iba yo ir a mi casa a ver la fiesta, veíamos desde la esquina, entre los jóvenes, de ahí desde la esquina. El primero que se acercaba para ir, mi abuelo nos veía, al otro día dos, tres palazos por las canillas, por haberse acercado.  Salvo que lo escojan a uno para que esté ahí, más o menos dos horas, después llegué otro, para la bendita vitrola, que había que estar dándole cuerda y cambiándole la aguja; entonces  para eso, nos agarraban de giles, porque que íbamos a tomar. Ahora, conforme vemos a los jóvenes de diez, doce años, con el cigarro, delante del papá, hablan malas palabras, todo delante del padre, o la madre, no creen en nadie, toman cerveza, tienen el concho, tú estás pasando, te mandan a la misma; en ese tiempo no era así, había un respeto, porque en el colegio, se acostumbraba a que se respete al auxiliar, después del auxiliar venía el maestro, de ahí venían los padres, de ahí venían las personas que eran mayores de edad y hasta señoritas, de dieciocho, diecisiete años de edad, tú estabas en el ómnibus, tenías que pararte bien rápido del asiento, porque si no te chapaba cualquiera de acá y te levantaba y no había que protestar. Nooo y si había un auxiliar te clavaban una semana de suspensión, así te ponían dos horas, para que te quedes ahí en el colegio haciendo tareas, lo que al final ha servido porque han formado buen tipo de hombres, responsables, de trabajo, respeto; soy medio atronado, no respeto nadie cuando estoy con dos cervezas, ahí mismo busco pleito y meto golpe. Acá no, primero tiene que ir a buscar el libro, para ver cómo boxea. Una vez pues me llevó a su casa, él era más adulto, más agarrado y es vivo porque ya boxeaba, entonces me pone los guantes. Me dice vamos a boxear. Ya pues socio le voy a decir. Me metió un guantazo que me dejó medio sordo, me dijo vamos, te voy a enseñar, me pegó otro de nuevo, ya no quise. A propósito lo hizo, él se enojó conmigo. Su abuelito era gallero y el otro era rabioso, pero no me veía con él. Que no le gustaban los gallos. El esposo de tu mamá. Te acuerdas que nos votaba. Tío Fernando. Apenas nos veía a mi tío Oscar. Shee, te agarraba. Era gallerazo no le gustaba que uno sea muchacho de los gallos. Agarraba un palo, sal muchacho, sal de acá y nos tiraba el palo y volábamos. Sí para entrar al corral, donde él  tenía un gallito, teníamos que estar escondidos, pegados a la pared por ahí. He visto todo el tiempo jugar gallos, no una vez sino mucho tiempo, así de Pacasmayo estaba José Andrés Saavedra, que era el único de Pacasmayo que tenía gallos en Guadalupe. Jugaba gallos por Pacasmayo. Después de Trujillo, estaba este que le decíamos cabeza de piedra, tenían buenos gallos, Castillo. Ya murió que en paz descanse. Baca muerte también. Otro aficionado gallero de Trujillo, Don Ismael, el sí salía para fuera de Trujillo, se iba a jugar a Chepén, a Guadalupe. Él y yo por todas partes andaba en la moto, los dos jugaban gallos. Mira, ahí no habían eventos, se jugaban todos los domingos, para fiestas patrias, era muy distinto y la semana de Trujillo que era para navidad, que se respeta hasta ahorita. No, estaba a full. No ves que era un solo coliseo pues el que había en Trujillo. El único coliseo era el de su abuelito de él, nada más. Venían de Salaverry, Moche, de Virú. Por ejemplo de Salaverry me acuerdo, un buen aficionado, el chino Rodríguez, después, Saito, él era un aficionado moderno, se puede decir nuevo. Claro, ellos vivían al frente del cine el Pueblo, en la esquina, tenía un restaurante su mamá, ellos tenían una bodeguita y ahí vendían. En Chimbote se hicieron aficionados. En Chimbote, en Trujillo no, ahí no han jugado, nunca han pintado. El Pecho de Lata, sí, el pecho de lata, sí jugaba gallos, aunque sea malo pero jugaba.  Ventura también. Con Ichicawa. Paraban con Ichicawa. Ichicawa le daba los gallos, para que los pelee como era, así como se dice -lorna-, le echaban gallos, y se pelaban, porque traían sus pescuezudos, ganaban, una patadota les metía y al medio los ponían borrachos. Juan Brayan. Don Enrique Yapu. Oiga, tenía la paciencia de ir de agarrar acá, pagar, llevarle para regalarle gallinas, para que cruce gallinas gallos, todo, él le pedía, él le sacaba camada y después lo vendía. Porque cuanto yo iba me decía, mándame una gallina o regálame, ese Chale mira lo que me ha mandado, mira esa cojudez; era malagradecido todavía. Porque yo una vez viene, y le dije, el Raggio ha hablado de tu persona así, él no me creyó. Yo le dije ha hablado así, yo no miento, le he hablado así. Y le llevaba inocentemente, pero yo que era su amigo, a mí nunca me quería dar, una pollita. Yo viajaba con Pascual López, le llevaba a jugar gallos a Pacasmayo, a Chiclayo, los gallos ganaban, pero el regalaba los gallos a amigos, por ejemplo a Baca que era de de Chiclayo, don Armando Baca, que era muy amigo de él.  Y de Laredo era muy aficionado a los gallos, también el chino Gutiérrez. Y Gutiérrez que es su hijo también que es Mayor de la policía, también es un buen aficionado.  Ya no lo veo tampoco. No sé, como es policía lo cambian para acá, para allá lo mueven, porque yo sí lo he visto, es muy caballero, muy amable, no ha salido como el papá, porque el papá era un poquito medio jodido. Movido, era movido por que le gustaba jugar su casino. Pues tiraba golpe, le pegaba a quien sea, que estaba todo tubérculos. Se cruzaba, claro. El hijo no, es más respetuoso. Vive por allá por Piura, Tumbes. Manucci. Su sobrino vendrá a ser pues. Son jóvenes modernos. Al gallo se le ha rebajado bastante, hay muchos que dicen, compro este gallo y esta gallina y saco mañana buenos gallos, no, no, no es así. Tienes que saber  cruzar los gallos, como juegan, que línea es, de la gallina para imponer, de ahí tienes que ver cómo sale el hijo, cambiarle la gallina, volverlo a cambiar y se pierde cuanto, cuatro años, seis años, va a jugar usted un gallo a los siete años para que le salga bueno, hay personas que quieren el gallo ahorita mismo quieren el gallo que a los diez meses esté jugando como el padre, si no les va a botar la gallina, tiene que botar la gallina primero antes que el padre.  Lógico, buscar. No, es que buscar la gallina es buscar la línea de sangre, hay muchas personas que confunden, es buscar la gallina, es encontrar la beta, en un cerro la beta de oro, entonces teniendo la gallina, oiga yo he tenido gallinas, perdóneme la palabra, con cualquier gallo me han botado gallos y tengo una gallina ahorita, me ha botado durante cuatro años puro campeón; campeón, campeón, campeón, tú la conoces, la gallina mexicana, Celia Cruz, la burra. Claro, tengo cría y tengo. Si hablamos de galleros antiguos, son los galleros antiguos, si hablamos de galleros modernos, conozco otros muy buenos aficionados galleros modernos, conforme lo conoce usted, y conforme lo conoce Chale, porque en la consideración de la afición, que antes era un vaso así de Inca Cola, se ha vuelto pues una damajuana o un barril de vino, porque hay bastante afición, la afición se ha agrandado bastante, algunos son muy buenos aficionados, otros no, otros son los que llamamos comúnmente tipo timberos, va el gallo, a propósito a veces lleva dos gallos de él mismo, uno le da al amigo y uno lleva él, sabes que ese gallo está tumbado, o lo van a tumbar de una patada y pactan una pelea de cien soles, la gente se tira, porque lo lleva, un amigo conocido, se presta para jugar, se tiran a ese gallo todo el mundo y le dan la contra al otro, el otro lo suelta al gallo, pum, una patada, pollón dicen, ya está tumbado, pero si el gallo ya iba tumbado; todas esas cosas hay, he visto esas cosas, he escuchado. El oriental prácticamente, peleaban una hora y una hora estaban frescos, hoy día los gallos pelean seis minutos y en seis minutos están con el pico, que entierran las alas ya, es la consistencia del animal. La postura también. Pero para darle al gallo banquiba, hay que saber darle, porque gallo Banquiba no es para trabajarlo haciéndolo correr, si no hay que darle aire, el gallo banquiba trabaja con las alas, tienes que darle, cuanto más aire tenga, tiene más fuerza para pelear el gallo, no las piernas; el banquiba no pelea con las piernas, pelea con las alas y el gallo asiático pelea con las piernas, más poder tienen en las piernas, más fuerte pegan. Es al revés. Conozco aficionados muy buenos aquí en Lima, en Surco crían el gallo moderno y el gallo moderno no lo saben trabajar hay veces, entonces que pasa, entra bien el gallo y se afloja, porque se afloja, porque no tiene la postura que le dan los españoles; el español tiene como una mesa, con una malla, en la cual lo tira como si fuera cestero y el gallo cae y se raja, cae y ala y ala y ala y ala y después le cambian el sistema, le dan con la mano así pero lo hacen volar, de acá lo tiran y allá lo emparan, de haya lo tira y lo emparan acá; si no lo tiran contra una malla, el gallo vuela y se queda prendido, de ahí se tira para abajo, lo agarran abajo y lo vuelven a tirar, yo he visto. Tengo una revista que el señor Chávez, me han querido secuestrar. La presté para que la lea, es una revista del año mil novecientos, esa revista es española. Me trajeron a mí la revista una de mis hermanas que me la regaló, pero él me dijo vamos juntos a un editora, una imprenta y sacamos y me dijo, te saco una para ti y otra para mí, ya le dije, pero los dos juntos, porque yo no me confío. Me voy a llevar el libro y no lo veo más, pero después no lo veo a Chale tampoco. Mendoza, el mocho Mendoza que es fallecido, era muy amigo de tu hermano. Aquí en la foto, de repente él es. Él fue, él fue a Chile y le regalaron un gallo chileno giro, medio morón, entonces yo lo encontré en la casa de César Mendoza, porque ellos son familia de don Jorge León que ya falleció, por ser trujillano, me dice lucho llévate ese gallo, te lo regalo, para que saques camada, saqué camada, está bien puesto, estaba muerto parecía que se moría, mi suegra estaba viva y esta era chacra de mi suegra, yo vivía allá, en el chalet, donde vive mi cuñado. Entonces agarro y digo, oye y mata a los pollitos hombre, ese pollo no valen para nada, así pues a lo criollo como hacía Pascual López, ese no vale mátenlo y se dejaba los más fuertes. Mi suegro me dice, no, dámelo yo lo voy a curar, yo me lo llevo; lléveselo pues y se lo llevó mi suegro el pollo, un día hay una fiesta como a los diez meses pasa eso, yo vivía en el Callao, me dejaron una casa en el Callao. Ah, Fernando; entonces yo vengo acá con mi esposa a la reunión pues y estábamos tomando y hemos salimos a orinar. Ahora nadie escucha un canto de gallo, y uno conoce el canto del gallo fino pues, al menos escucho bien rápido semejante gallo, deje hasta de orinar, me fui, estaba mirando el corral de mi suegra, un palo, le abrí un hueco también y veo un gallo ají seco hermoso, encima de un árbol; fui, me senté al lado de mi suegra, nada sonso. Y me dice Lucho.  Le digo suegra, he pasado ahí he visto por un huequito, un gallo ajíseco ahí este en su corral. Ese es tú gallo me dijo, llévalo. No terminó de decirme llévalo, ya estaba metido en el corral, en un costalillo me lo metí, me mande mudar, deje a mi mujer acá, le dije    te la llevas a mi mujer, ya me voy. Dije, antes que mi suegra se desanime, me mande mudar con el pollo, pero a los meses, lo topo al pollo con un amigo que era vecino Rodríguez. Gallero, cuidado me saca un gallo como de año, parecía pitón karate, no tenía ni pitoncitos el pollo. El gallo lo agarró, le sacó la mugre en medio minuto, le rompió el cuello, pero pá, una pata, una velocidad, le rompió el cuello. Saca otro le dije, sacó otro, también le hizo igual. Asuu dije, me doblé, ese padrillo chileno bota bueno dije, y yo tenía al gallo. Bueno, un día voy a una concentración a Trujillo, en la parte de Laredo; lo encuentro a Chale, a Serapio Alcántara, que ha sido también un aficionado, pero un aficionaaado más o menos sin ofender. Término medio, de volantín, o sea el criaba nada más que para vender a su compadre Saito; parecía la mujer de Saito, que en paz descanse. Entonces, estaba su hijo, que ahora es doctor, está en el Belén, Pablo, estaban ellos, todos, llevé dos, un pollo con otro pollo, le digo mira, son pollos. Sí, el ají seco y llevé otro pollo giro, son pollos le dije, tiene nueve para diez meses, pero yo lo calzo me dice, ya pues.  El girito jugamos primero y perdió. Ganó, en tres minutos el Giro. Para una hora, porque era para una hora, media hora ya es pollón, yo lo calzo y pollonea en tres minutos. Agarro y pin, pin y pun seco el pollón, toda la gente se quedó muda. En coliseo, con gente, la canción, claro, estaba tu tío Constante y todos los que estaban ahí, se quedaron pensando, se quedaba media hora, matan para un pollón, se queda media hora, diez minutos. Bueno días van, días vienen, un día estaba por el Callao conversando con un amigo, se lleva lo mejor de acá del Callao, cinco gallos, con su hermano. Lo llamo el Oráculo Chino, sabes por qué, por qué cuando me dice este va a matar, mata, y cuando me dice, este no va a mata, padrino no lo lleves, yo lo llevo, lo matan; entonces le hago caso, él hace las camadas, después va a sacar algún pollo de las camadas que él ha hecho para que lo vean. Entonces, a mucho orgullo como trujillano, delante de Chale y sus amigos, los mismos trujillanos me han visto, y a mucho orgullo porque yo juego por el Callao, no juego por Trujillo, juego por el galpón Gonzales del Callao. Y en Chimbote, yo no quise jugar el pollo, porque, yo me acuerdo que los gallos que habían ido de acá al Callao, toditos los habían ganado, los gallos habían jugado en fiestas patrias, eran buenos gallos, los ganaron, los barrieron. Yo me había quedado con el pollo ají seco y dos mil soles; yo había encaletado mis dos lucas para jugarlo sólo mis pollos. Entonces me voy y veo un gallo cenizo, bien hecho, fuerte. Entonces, siéntate ahijado, les digo a los del Callao, les gusta ese gallo, usted está loco, me dice, va a partir ese gallo, mire las piernasas que tiene, miren las piernitas de su pollo, le voy le pongo pues, miren señores de Pacasmayo, el señor Saavedra, entonces le pongo al gallo, lo vi y me gustó la coteja, me mira el señor, me dice, te gusta la coteja hijo, sí le digo, quieres hacer la pelea, si pero cuánto quiere usted, diez mil soles juega, los del Callao estaban así, ya un poco más se iban a ir. Iban a trabajar de cobrador de combi, el fulano, su hermano y todos; y habiendo ido buenos aficionados del Callao, como el finado Churro, Coco Marques, que andaba con Pavillo de Cartavio, que ya son fallecidos. Un amigo Champa que le decimos Champa nosotros, no me acuerdo, toda la vida lo conocido como Champa, Champa, después Tito Flores y el Pelusa de La Punta, Uriel. Tiene un apellido medio francés, que yo no pronuncio, bueno nosotros pues andábamos en un carro toda esa pandilla, jugando gallos entre Trujillo y Chiclayo viajábamos, una concentración en Trujillo nos íbamos, los seis en el carro, a él le pagábamos así por el auto y llevábamos los gallos. Entonces, como habían perdido todo los gallos y yo no tenía los diez mil soles para jugarle al señor Saavedra, un señor muy educado, retiré mi gallo. Ya me iba para arriba para donde estaban los del Callao y en la subida estaba este señor Pascual López, hablando en oro, parecía mexicano, porque tenía chispa, tenía una risa cachacienta, con los dientecitos blancos como los mexicanos y hablaba pues malas palabritas, pero bonita amena. Y estaba justo con su tío de Chale, con el señor Constante Larco, los dos que eran patas, estaban ahí y me agarran y me dice, a dónde vas Lucho. Me voy arriba con el pollo, me dijo, así a lo franco, que te ha dicho José Luis Saavedra, o tú le has echado el gallo. Sí. Que te ha dicho quiere jugar diez mil soles. Y ya lo habían visto jugar ellos el gallo en el coliseo al pollo. Y ti no tienes, no. Oye cojudo le dice a su tío de Chale, a Constante Larco, eres trujillano, ándate ya de los arrozales, dale los diez mil soles, que le eche el gallo a ese viejo cojudo. Bueno pues dijo; toma, me dio los diez mil soles. Anda, quítale toda su vanidad dijo, así hablaba Pascual López. Yo voy, le vuelvo a poner el gallo, me dice, te has animado hijo, sí le digo; pero los diez mil no te van a venir del cielo, no, ya juntamos con la gente le dije. A ya, me dijo, va la pelea. Va la pelea entonces y lo llamo a mi amigo Chale, Chale ven para acá, él me dice, yo no sé Luchito, tú sabes que él es casado en Trujillo lo suelto, que le voy a decir, nosotros somos así patas. Bueno le dije,oiga en Chimbote el viejo Saavedra, supo lo que le pasó a su gallo, le pasó un ciclón, así como el sunami, ese que ha habido en la selva. El sunami, oiga, entró pin pan y se rompió el cacho, pero ya lo había jodido. Entonces pun levantó el gallo y cambió espuelas. Lo volvió a lesionar, pin pin pin, lo agachó. Pasó un minuto, pin seco, miércoles, mudo el negro; pucha, una gritería los del Callao, porque habían apostado sin plata, loco que tal es el pollo, bueno le dije y apostaban, voy Callao, voy Callao y todo el mundo se le iba con ellos, los de Chimbote, lo de Trujillo, todos le dieron la contra. Le han sacado la mierda, perdona la palabra pero, sin rastro le habían sacado. Con la espina, claro, entonces apostaron sin dinero, el Churro tenía un cuaderno así, dos mil, mil quinientos, mil, así; cuánto se ganaría pues, quince mil, veinte mil soles, porque apostador era, el Tito Flores igual, el Pelusa igual, apostaban dos mil, tres mil soles, sin plata, todos misios, hasta el Jayo con la viuda apostaron sin plata. Ya manco ya, mi hermano, mira, se fue se comió un gato negro, para pisar dice, y se murió, el gato se lo llevó a él.  Después les voy a contar, pues pucha que lo levantaron en hombros a Chale, como torero. Como torero, lo más contento y viene, que yo le voy a dar diez mil soles a Constante y Pascual agarra la mano, mételo para tu bolsillo cojudo, quien ha ganado, este cojudo o tú gallo; porque hablaba así pues, no te digo hablaba, unas palabritas bien jodidas. Iba a la gallera a joder, llegaba con su bolsita de maní, me saca un maní; sabes a quién lo jodía duro y parejo, a este que también es su tío, que era el hermano del Raggio, al Chancaca  Corcuera, oye carbonero de mierda así decía, anda báñate, vas a malograr al gallo; así lo fregaba pues, bien cachaciento. Un día un gallo estaba jugando, se juntaba él con el papá de Pablo. Serapio y no sé quién era el tercero, pero se ponían en sitios estratégicos, así como los de La Puente, uno acá y uno allá y los tres gritaban y pobre que su gallos esté perdiendo un poco, empezaban, ya viste que está con orzuelo por el lado derecho, ya no ví, se muere, se muere. Y lo jodían pues, y el dueño empezaba a temblar, se muere, se muere y pun lo mataba carajo, eran jodidos. Para seguir contando, lo que me ha dicho que le cuente. Bueno, este fue una anécdota de hace muchos años, del sesenta y cuatro por lo menos. En la Alameda. Y en la Alameda también. Ahí se sacó la mugre con otro pollo, con un gallo ají seco que era de Montejo, del doctor Ahón, se sacaron la última generación, entonces que pasa. Pero le pegaron dos tiros feos acá y se le hincho así, después de ahí lo jaló y le sacó un ojo,  lo volvió a jalar y lo dejó ciego, estaba ciego y lo degolló. Sino que pierde no más, porque él se inclinó primero, nada más y el otro se tiró para atrás así, pero un peleón. Lo había llevado cien a diez, cien a diez, cien a diez, se mete a la cancha y lo recoge, ja ja ja, todavía he ganado mi platita, ven acá, cien soles cien soles, cien soles, lo había acomodado. No, sabes quién me acomodo el finado Iza, el finado Isar me dijo Espérate, un viejo como yo. Raimundo, no el otro, el más gordo,  Roberto, él como me vio, como me había metido al juego y ellos son mis amigos de años, porque he sido amigo de sus padres. Entonces, me vió y el juez estaba mal, e iba a perder, me dijo, flaco, tiro cinco mil, ya le digo; yo dije esto hace para ayudarme, y me ayudó pues, con los cinco mil. Pero que pasa, le dio azúcar, no sé qué cosas. Lo curó. Yo hasta le ofrecí regalarle el gallo, toma, él me entrega el gallo muerto. Este agarra primero. Y me dice, agarra aunque sea para comerlo. Entonces, no le dije, está bueno, el ojito está ahí pues; me salí a fuera y el doctor Ahón me lo curó. Yo tenía un compadre Felipe Cisterna, que era el que siempre jugaba los gallos míos; venía y se llevaban los gallos y los jugaba él. Y él me hacía mirar nomás y él le hacía y Felipe Cisterna era el que sonaba, para acá, para allá, por todos lados. Agarró un cartel, de los mil diablos, Felipe Cisterna pero como este era padrino de mi hijo. Yo nunca dije esos gallos son míos, el venía acá y nos metíamos una bomba y se llevaba pues, ocho, diez, quince, veinte gallos. Yo tenía un galpón acá que tenía más de cien gallos. Le daba pues y por ese gallo hubo un precedente en la cual, como buen trujillano que me considero y uno tiene palabra, respeto. Entonces, vino, a la vuelta había una cantina, yo estaba tomando con los del Callao y viene y medio picado también me dice, compadre, así me dijo; de adonde mierda me ha sacado usted ese gallo. De adonde, de mi casa. Y porque mierda usted no juega el gallo. Y yo soy el único que juega el gallo acá. Cómo le digo. Soy el único que juega gallos haya, yo soy compadre, me dijo y me mentó a la madre. Entonces le dije, a las seis de la mañana te caigo a tú casa. Estaba tomando, que siga parado, no, es mi compadre espiritual, es padrino de mi hijo, yo mañana lo voy a ver, arreglo mis cosas a mi manera le dije, estaba amargo. Entonces, primero viene él y me dijo así, Chávez, Lucho, mi tío Constante me ha dado creo, que te va hacer un cheque, dice que cuantos ceritos te pone por el gallo. Yo le dije así, no me acuerdo, porque yo no soy loco, soy tronado que es muy distinto, le dije así; mira Chale, somos trujillanos, tú tío es trujillano, como le voy a vender gallos, si yo no vendo gallos. Dale el gallo, regálale Chale el gallo. Tú dijiste todavía, después que juegue el gallo  en la Alameda, es tuyo el gallo me dijo. Entonces, mi compadre me insulta en una forma grave, siendo compadre espiritual. En la costumbre antigua de mi crianza, el compadrazgo es un respeto, compadrazgo quiere decir que ellos hacen las veces de padre y yo y mi mujer en un accidente me mate, si hubiera tenido hijos chicos, mi compadre es el que tiene que ver a esos hijos, así se acostumbraba, que no podía haberme mentado; entonces, me dice el cheque. Que cheque, rompe el cheque le dije, yo no vendo gallos, le dije, lleva el gallo. Entonces, vamos con los del Callao, nos fuimos, a las seis de la mañana, fui a ver a mi compadre.  Salió Felipe Cisterna, compadre me dice, pase usted. No le dije, acá no más quiero hablar. Entonces salió mi comadre, compadrito que milagro que viene usted a las seis de la mañana, ha pasado  algo me dice. No le digo, comadre. Quiero hablar con mi compadre, comadre disculpe usted, una cosita así no más. Mi comadre me quedó mirando con pena, que en paz descanse y presentía. Porque mi compadre Cisterna, también ha tenido un carácter bien belicoso y bien fuerte era, pensaría que pasó acá.  Usted no se imaginó, entonces le dije Felipe, te voy a decir Felipe, porque desde el día de ayer he dejado de ser tu compadre y tú el mío. Vamos acá a la vuelta de dije y me mentas a la madre como ayer. Yo no le he mentado a la madre compadre. Tú me has mentado a la madre delante de todos los del Callao le dije y no acepto nada de eso; ahora estás sanito, vamos afuera y nos damos un par de vueltas le dije. No me dijo compadre, que discúlpeme. Te voy a disculpar entonces, hasta hoy día te conocía le dije, no más te conozco. No voy a jugar ningún gallo mientras tú estés vivo le dije, agarre y me vine, lo llamé a este señor Danilo Fosicat, que jugaba en San Martín de Porres por el club Once amigos y era mi amigo y le dije, mira ve, tienes hasta las cinco de la tarde para que te lleves, son como cerca de doscientos gallos que hay en mi casa, te voy a regalar la balanza, las espuelas, los gallos, trabas, los casilleros,  llévate todo, tráete un camión por qué no va entrar, vino con un camionazo, como con diez hombres, que eran como once de un club, le regalé todos los gallos, la balanza, las espuelas, unos estuches, llévate todo, trabas todo lo que sea, durante ocho años, nadie me vio en la gallera, no pise ninguna gallera, hasta cuando el falleció, al año comencé a jugar. Fui al norte y me compré como cerca de trescientos gallos que pedí a mis amigos que venían de Chiclayo, Piura lo traía y les hice casilleros acá y lo llené de gallos. Llevaba ocho, diez gallos, al Gallo de Oro y los ocho o diez gallos servían para hacer chicharrón, porque eran más malos que la patada, pero también me vendía los gallos a treinta soles, veinte soles, los demás me los regalaban, que te voy a vender, llévatelos; a veces venían mis primos, llévate diez, acá hay diez, llévate los casilleros y con casilleros y todo, los traíamos, me ganaban. Hasta que un día, estos cojudos están gane y gane acá. Y como en ese tiempo yo conocía a la gente de Camaná, desde mil novecientos sesenta y cinco, conocía a Julio Manco. Lo he conocido a Carnero y a otros amigos más. Entonces, a Manuel Piérola, que también es camanejo, es primo hermano de Lucho Monroy, entonces entre ellos me ayudaron, me dieron gallos y me dieron gallinas, de Camaná y crucé y saqué unos gallos al menos buenos, hasta que una vez conocí al doctor Kike Tello, le mandé un camión para que le traiga este pasto a su vaca, porque él tiene en Chillón un establo, entonces un día en Surco para un cumpleaños llegó de Camaná  Celso Guadalupe y él le da un almuerzo a don Celso Guadalupe, acá donde Kike Tello, voy  para allá porque como andaba así con Kike Tello, porque él necesitaba mis camiones, yo no le cobraba porque el que es amigo es amigo y el que no lo es, pues no lo es; él me decía yo le echo petróleo y me llenaba el tanque de petróleo, como que trabajaba acá, trabajaba tres o cuatro días con Molitalia, porque yo trabajo en Molitalia, entonces cómo le voy a cobrar y más que eso era amigo y él me invita yo fui para allá, vinieron el papá también vino de Celso, estaba Balbuena, el Bebe, Alejandro González del Valle ya falleció, sus hijos, o sea bastantes aficionados, conocidos, estaba también este Balbuena que vende gallos. Roberto, claro estaba él, el papá de los de La Fuente, estaba Marcos, Jaime, el otro más, y vino el belicoso de Cocoy, estaba Jorge León y recién lo conocí esa vez ahí en la casa del doctor Tello, el que tiene su fundición que tiene su edad, Pensantes, estaba Jorge León, estaba Monroy y mucha gente del Callao, invitados habían más de mil personas, entonces esto estaba muy bonito. Y van al ruedo, lo vi a Kike Tello, me dijo mira este es un cruce de tal, de esto con eso y ese gallo es un cruce acá, ponle espuelas; lo calzaron, lo juntaron, pin pan, pin pan, ya es bueno dijo, tiene dos minutos, mátalo a los dos, entonces como dos, tres, cuatro peleas y veo aún giro que pesaba cinco libras, lo quedé mirando y yo pues entre antiguo y moderno. Tenía buen pulmón, pecho grande, tenía cola de chiva larga, carajo dije y le veo a un negro ojo de uva, no sé qué raza dijo que era, pero agarró prag, prag y se acabó, en la primera le partió el pecho y en la segunda lo dejo seco, lo miré. Ponle otro pues, de repente nada más nos estás engañando, le pone otro y lo volvió a matar rápido. No quiso pasar, hasta la hora que se organizó un pleito de los mil diablos. Yo estaba tranquilo tomando con los de Lima, con Balbuena, porque ellos mucho me estiman, entonces me regreso por el costado de la puerta, por el otro lado para irme al baño; y cuando paso lo veo que estaba Cocoy gritándole a Jorge León, un anciano para Cocoy, porque Cocoy es joven, entonces Jorge León tenía su edad y estaba llorando; él lo gritaba, entonces le pregunto a Pesantes él estaba ahí, que pasó, me dice, lo señalaba a él. Entonces le digo que pasa don Jorge. Tú no te metas me dijo. Me meto, porque es mi amigo le dije y me metió un puñete pues, lo jala y pin le pegue así, como me pegó él, así le pegué uno y lo tumbé y se mandó mudar, se fue para adentro, entonces se viene yo estaba sentado Pesantes el que se había puesto más allá, yo estaba preguntando don Jorge me conoce desde que yo tenía veinte años de edad, porque él vivía en Libertad, a sus hijos los he cargado a toditos de uno en uno, todos ellos eran primos de los Mendoza, entonces en eso, me dicen cuidado, yo me tiro para un costado y lo veo cuándo me mete el botellazo. Lo jale, entonces y como he estado en la marina, tres o cuatro años y me han enseñado muchos trucos, lo agarre y le metí un contra solazo ahí y le chapé el pescuezo así no más; entonces ya déjalo, vinieron más gente ya déjalo; entonces me fui para allá y me seguía jorobando, me voy, hablo con su papá, Marcos usted me conoce a mí de tiempos. Si Gonzalito, que pasa, le digo este su hijo Cocoy me está haciendo problemas y me ha hecho problemas, hágame un favor, hable con él. Porque de lo contrario va a suceder algo malo le digo, usted sabe le dije no soy buena gente, lo voy a agarrar y lo voy a pelar como gato ahorita le dije, rompo una botella y lo pelo como a gato por favor. De ahí viene el, quédate callado, vamos, vamos, quédate callado y te retiras por allá. Señor González discúlpame, así no es. Porque él papá es un caballero. El me conoce de años. Entonces señor González discúlpeme, le dije, eso le está pasando por los golpes, no te preocupes cuando tú quieras y no te quema del brazo. Me voy, porque Pepe con el otro, el colorado más blanconcito, ya me he olvidado como se llama, porque dos hijos nomás tiene Tello. Y el otro se llama Pepe, el más trigueñito. No te vayas me dijo, voy agarre  mi auto.  Bueno, entonces un día hay una concentración en Surco, yo había llevado mi gallo y estaba ganando y le eché un gallo al famoso Dóberman, este señor que era de Huaral, a Tavera le eche pues con mil soles al Dóberman, le eche un gallo gallina, por qué mis gallinas, todo el tiempo, tú has visto mis gallinas, buenas. Y había llevado como ocho gallos y Tello, tenía dos peleas con él, seis habían ganado y los vieron, mis gallos estaban pin pan pun, pan pin pun, pan seco, el primero de ellos y se lo pataleo en un minuto y pico pues ya, entonces me tocaba con el Dóberman pues, tres peleas seguidas tenía con ellos, entonces Jorge la Fuente, el Bebe, andando conmigo en los gallos, ganando plata conmigo en los gallos, se tiró para Tavera con el Dóberman. Te cuento, pucha que la gente pues, era pura curiosidad, es un gallazo; a mis gallos no los conocían, pero ya habían peleado todo el lote, tenían como once peleas y aguerridos para pelear y eran rápidos, entonces lo veo al Bebe, le digo, vas a mi galo, yo no voy a ir ningún sol me dijo, me habían dicho que metía, corría dos mil soles. Villena, Jorge, no importa, lo arme el gallo, dice que el  gallo tiene bastante ligereza me dice, porque no lo dejas  para que le pegue  a mi gallina, le dije, pero mi gallina es bien viva,      pero así, le pegaba en el aire, así que es terrible. O sino lo esperaba de frente y cuando se le venía como bala, le ponía las dos patas así, con las dos espuelas, fuera, era como que iba contra la pared. Claro, y acá tengo a la gallina en una foto, te la voy a enseñar. Favorita la gritería en él fútbol, estaba a full la concentración, gol Tavera, gol Tavera, buen gallo; nadie decía nada por mí, ni los chalacos, cuándo llegan los del Callao, oye ustedes no desean jugar les digo; puta está jodido González, te vas a agarrar con el Dóberman. Dóberman, oye si es el Dóberman, este de acá es el tigre de bengala cojudo, vas a ver cómo se va a parar cojudo. Oiga no me duró más que un minuto y medio, le metí un patadón acá por las costillas, que woc hizo así, y pa le chapa pó de acá, po y ya, ya le hinchó los morcillos, po y el Balbuena corrió, se tiró, recogió al gallo, le levantaba las alas, los otros las patas así y los choros le ponían los dedos así, le habían asesinado al gallino. No pongo nombres, no me gusta, ahí está mira, ninguno tiene nombres, uno no más se llama Chale, le hemos puesto por joder al careador. Entonces, el tercer gallo, oiga seco, serio se murió lavándolo nomás se murió          lavándolo digo, porque ahí está tieso ya, debe estar frito, este gallo me lo habían regalado para sacar cría. Anda recoge tus dos mil soles que has ganado con tu gallo; encima cachaciento, no me has jodido le digo, seguimos siendo amigos, siempre andamos juntos y ahora me echas el gallo, no debías haber soltado el gallo tú, le dije,  por decencia así le dije Jorge, porque si andamos juntos y peleamos los gallos juntos y tu ganas plata con mis gallos, como me vas a echar el gallo acá, le dije, eso te pasa porque dios te ha castigado; le dije a dios, castígalo a Jorge por inmoral, los ha castigado a los dos, le dije, has perdido los dos mil soles y ya se murió el gallo que iba a ser tu padrillo por acá, entonces me llaman para la tercera pelea con los Tavera, pues se habían mando mudar ya, dejaron la caja, ya no quisieron y uno de ellos, me dijo ya no va la pelea, cómo que no va le dije si hemos pactado son personas así como yo, jugadores netos, como van abandonar ustedes una pelea, me dijo, preferimos llevarnos nuestro gallo vivo, ya nos mató dos gallos déjenos con el tercero, vamos si se juega, oiga mi estimado don Carlos, así pues los despinte a los Tavera, oiga yo en Surco durante cinco años usted  puede preguntarle a Rázuri que era juez y a Benavente, usted dígale a él o Benavente dígale, oye tú  te acuerdas  de un  alto el que trabajaba  que te regalaba tu  paquetito de fideos de molitalia, un loco era el  Gonzáles, que tal era en gallos en surco, cinco años, oiga tenían miedo, miedo,  tenían conmigo, miedo, miedo, acá en Lima ocho años, ya más moderno, sabe porque cosa porque  mire de ese padrillo que me dio Kike, claro, yo le metí una gallina negrita así de este tamaño  que casi me la como, me la regalo este amigo que ya no está aquí, vive en Estados Unidos, inspector general, Basagoitia, el compró cuatro gallinas mejicanas del mismo Méjico a un capitán y una  gallina los de Santa Marina, me dieron de regalo a mí por orden de él, yo le metí al gallo y me botaba pollonero, pollonero  todo el norte, pollonero, le preste ese gallo a Santa Rosa, que está en Guadalupe más allá, entonces, sacaban unos giros negros por su cuenta, puros giros no más bota, unos giros  negros fantásticos y era puro pollón, pollón, iba pues, eran amigos y familia a quien le daba, después lo preste en Guadalupe donde Segundo Albites, entonces la mala suerte fue que llego el negro Preciado de Guadalupe, y vio los pollos, le soltó cuatro pollos los jugó y pollonearon se los llevó a Baca Rossi se los vendió  a cien soles a cada uno, Baca Rossi los agarra, los prepara y los mueve y pollonea los cuatro, le pidió más, el vino y se compró todos los pollos y se los llevaba a Baca Rossi, cuando fui a Albites  para que me dé lo que  me correspondía, giro, también cenizo, todo cenizo, concho de vino, todo cenizo, vino tinto, concho de  vino, negro, blancos y giros, giros negros, son cinco colores que bota  son mariposas que cambian de color, ese también era mejicano, era cenizo, ahora te voy a enseñar, igualito el que te he regalado te voy a enseñar una foto para que miren  ese es de este tipo, igualito, un día juego cinco gallos, acá en Lima, era una concentración y juego con el ganador, dije  me voy a desquitar, le paré gallo, me dijo, paisano somos trujillanos la vez pasada fuiste de acá de Lima, ahora soy del Callao pues no soy trujillano soy del Callao, vamos a jugar los gallos, que mi compadre, que venga mi compadre, que venga tú compadre, no vamos a jugar los gallos hasta que venga tu compadre, este el de lentes o como es más mentiroso, a cada rato lo cargoseaba, oye pues, no sabía que los Abanto tenían miedo, espérate pues, entonces ya, ya compadre, cuanto hay que jugar, cuanto quiere jugar usted, quinientos, va quinientos y el viejo sacó cuatro, uno con Rázuri y uno conmigo, un gallino, un gallino mío y un gallino de él,  me agarre cinco gallos, oiga un poco más y me sacan en hombros mis gallos hicieron una faena extraordinaria, el doctor Ahón, agarra y me lo pollonea mi gallo, a un carnero pata larga, me lo pollonea, prac, prac, pollón, salió disparado contra la pared y el otro gallo corre, pollón, pollón se tiró el compadre con el hijo de Ahoón, de lentes,  pollón pollón, mi gallo lo agarra  pa, al suelo, pollón, seco. Y se paró, gritó, griten, griten, estaba un poco avergonzado por su gallo muerto. El cuarto gallo que juego, el quinto gallo que juego, él me persiguió hasta el baño quiso ir conmigo, porque ese gallo ají seco que yo lo tenía, oiga tenía una guardia, que jamás he visto una guardia así, un gallo que tenía muy buena entrada, también tenía más de quince peleas; muy buena entrada y una guardia y así y basta que le hagan así, pin; uno, pin y dos, muerto. Claro, del mismo gallo de Chile, pero era gallo mezclado. Claro, entonces regreso un día después de años a Trujillo y llevamos cinco gallos los del Callao y llegamos zampados porque a las cinco de la mañana compramos una caja de cerveza e íbamos chupando, llegamos como a las doce del día, a la una y hablamos con Ursino, dicen que Ursino ha muerto, hablamos con Ursino y le dije Ursino he estudiado con tus hermanos le digo, venimos del Callao, ahorita hemos llegado porque el carro se ha malogrado, danos la preferencia pues le dije, que pesen los gallos, cotejamos y entramos nosotros primero, háblale al público pues, le hablamos al público y nos entendieron; está bien, está bien, nos aplaudieron, gracias por venir del Callao, chimpum Callao, chimpum, chimpum, que mierda, cotejamos los gallos, jugaron a esa hora los cinco; los cinco habían ganado, una borrachera nos pegamos ahí. Ya no aplaudían, duro, se salvaron oye. Bueno, de ahí me he venido. Un día, estaba en una concentración en Trujillo, y me hacen la dedicación a mi persona, donde Palma y estaba su papá y su hermano, el Raggio que juega, oiga juego catorce gallos, entonces faltó los catorce gallos, el primer día me tire siete creo; el segundo día hemos jugado. Chino, chino, chino. Ya ven hijo, oye hijo te acuerdas cuando nos dieron el homenaje en Trujillo, el primer día jugamos siete gallos, te acuerdas, jugamos siete gallos, te acuerdas. El segundo día jugamos cinco y le presté tres gallos a Chimbote, al chino Julio y al doctor Tejada y nos quedó un gallo para el tercer día, un gallo negro te acuerdas, un mexicano también. Ahora te voy a contar. Primer día, barrimos, fue paseo hermano, ahí está mi hijo, paseo fue, pin pan pun, seco; pin pan pun, seco y ya los de Chimbote les habían dado de alma los gallitos del Callao, misios estaban, ya era la tarde, amigo mío, quieres que te sea franco, hace tiempo perdía, para perder mis gallos, así sean cincuenta soles, sobran, no llevo ni un sol, ni dos soles, porque, porque yo mis gallos mira, cuando lo veo que le meten un mal tiro o algo, yo lo levanto. Entonces el segundo día, nos tiramos cinco peleas, yo iba a sacar a uno, y me dice el chino Julio, el doctor Tejada de Chimbote, estaba otro más, eran, cuatro que le habían dado de alma.  Me dicen, González, tú sabes nos conocemos como estan los tres gallos que vas a jugar ya estamos misios, nos han dado de alma, no tengo que llevar a mi casa me dijo, mi mujer me va a matar, préstame mil soles, ya le digo, don Julio a los tiempos, tú lo conoces, vive en la casa de Juan vive y duerme con Juan igual que tú. Ya está bien, le presté los mil soles. Le presté los tres gallos, carajo, te acuerdas de un amarillo que lo estás careando acá, el peleó, la tercera pelea, y a la última de nosotros. Un peleón. A nombre de Chimbote, lo cambiaron, hablamos con Juan, juega Chimbote, ahí estaban los chimbotanos, yo me sentaba a ver. Y pin pan pun, mierda; huy, besos, abrazos.  ¡Chimbote! ¡Chimbote! y a cobrar, y cobraban. La segunda, la tercera fue más fantástica, te acuerdas del amarillo, igualito como el de Trujillo, entró el amarillo, lo agarró pin, cuchillo, pin pan, pan, lo agarró, pan seco, el chino Julio, agarró, vino me levantaron en peso, te acuerdas. Suéltame mierda, me vas a tumbar, era Trejo; suéltame carajo y todos se ganaron pues. Una gran puta, todos los gallos pues, es mi amigo, me ha prestado, cual es el problema, hemos jugado gallos contigo, tú has jugado conmigo no con él, está bien y así sea, estas bien pendejo, el chato, asaltante, le gritaban de todo, no le hagas caso ya déjalo, le mataste los gallos tú. Y al tercer día, yo no sabía, con la borrachera que me metía, no salía pues; mi hijo mayor también había ido, me dice papá ahí hay unos serranitos me dijo son como ocho, diez, quiero que llevar a un almuerzo me dice, acá no más, a un cuarto de hora de Trujillo me dijo. Se han enterado me dice, que a usted le gusta comer cuyes con su papita, cecina, me dice. Escucha pues, entonces ya mi hijo me dice papá, ya hemos cotejado con él, el negro, con cuanto, con trescientos, cuatrocientos. Bueno pues, vamos a la gallera; y Palma, yo era los ojos de Palma, apenas me veía pa, ponía la caja. Puso la caja de cerveza, claro, para chupar con él, mierda, yo con ellos y los que habían venido de Trujillo, de Guadalupe, había vendido el doctor Horacio, había vendido mi sobrino el pelado Vera, había venido mi sobrino que es abogado este Víctor Mayorga, su papá, había ido Juanelo, el Jorge, un montón de gente habían venido, habían venido del norte. A cada hay una foto para que ahora le saques, espérate con nombres. Ya eso cuesta plata. Entonces, acá le estoy contando al amigo. Escucha, entonces cuando yo voy a entrar, me salgo y voy a entrar, y el finado Segundo me dice, tú no sabes con quien te agarras me dijo ahora. Mira amigo, te agarras con la mejor gallina del departamento, es una desgraciada, sabes de quien es la gallina, del cholo Andrés; este concha de su madre, lo tenía acá. Él también era como él, igualito como el Raggio. Acá viene la vaina pues, yo le digo, oye mira le digo, mira Segundo, los gallos tienen pelea, el gallo negro que yo lo estaba echando también tiene pelea le dije, ha peleado en Chiclayo, en todo sitio, no creas que es cualquier cojudo, es un excelente gallo, pero tú no sabes el problema, cuál es el problema; esa gallina, es hija del gallo y la gallina que tú le diste prestado a Juan y Juan se la vendió en quinientos dólares a este cojudo, porque es bien mentado, el cholo Andrés, que están echando tus mismas crías de tu corral por joder. Yo le digo a mi hijo, como están las peleas; porque papá, mira la gallina que vas a jugar, es hijo del gallo gallina de Juan Rggio, con las gallinas le digo, donde vas a echar se van a agarrar entre primos hermanos, se van a matar uno u otro; me dice, la gallina es bien buena, la otra también es bien buena, las dos son grandes gallinas; una era negra, y el otro tabaco. Entonces, gana la pelea, papá me dijo, las invitaciones vienen a tú nombre, que pensarán que a última ahora ha aflojado, ya no quiere pelear los gallos, pelea nomás papá. Está en plena pelea de los gallos. Bueno pues hijo, a mí siempre tú hermano me ha mandado a la quiebra. Oiga yo estaba sentado hecho una res, estaba allá, así de cariño, porque soy una persona amiga estaba ahí. Yo no acostumbro a gritar mucho, pero estaba sentado mirando, sino me subo y de arriba veo, no más me fijo en las cualidades que tenga el gallo mío, que el otro gallo, el otro gallo no me interesa como pelee, me interesa como pelea el mío, para yo ver cuál es la falla, en que error fallo,            por decir de él, enmendar y él sabe cómo enmendarlo; ahí tiene un cuchillo bien grande, lo enmienda en una forma o en otra, pero el enmienda los problemas. Entonces, oye una señora pelea, un peleón oiga, pucha, pero mi gallina negra, ya estaba un poquito más adelantada, y era más ligera y más espuelas metía, lo destrozó, lo dejó ciego, lo destrozó, sin cabeza, no tenían nada, estaba más que un charco, ya se paraba. Entonces lo veo a Andrés y se mete para el ruedo y camina dos pasos y justo yo estaba acá y el gallo de mi cría se pega contra la pared y mi gallo que metía pues y lo jalaba de los hombros y pa tira la pata, poc cae gallo muerto el gallo negro, se quedó así, todo el público se volvió mudo, nadie dijo nada, porque había ganado, siquiera un gallo, en Trujillo nadie dijo nada, callados todos, nadie dijo nada. Pero era un robo lo que había hecho, robar la pelea, faltaba creo cinco minutos, el gallo estaba destrozado. No, no, no, sino que mis gallos son bien duros, tiene que matarlos, son bien duros, tienen bastante asil. Tienen bastante asil, estos gallos vienen a ser recontra tataranietos, bisnietos de los gallos de Kike Tello pues y las gallinas vienen a ser recontra bisnietas de las gallinas mexicanas, o sea yo esa raza no la he movido yo sigo manteniéndola y tú papá, criamos en dos lados, mi compadre que es papá de él, él es un gallero nada más exótico, le digo exótico porque él va a la gallera, nada más que a mirar los gallos y tiembla como pulga, así como que le van a echar, pero eso sí chupa como vikingo conmigo. Después yo le regalo el gallo, pasado mañana me lo vende a mí, me dice compadre cincuenta soles te vendo este gallo, ya toma pues cincuenta el gallo es para él, así paramos como veinte, treinta años. Antes desde chiquitos cuando íbamos a parar, todos son mis ahijados, todos se los he comprado a Caliche, si me muero, porque todo se queda contigo, tú sabes qué miércoles haces le digo, acá no quiero ver ya nada de muertos, ningún gallo, ni nada, mi gallo ni nada. Ya él está juntando ahí sus  huevos de su camada, ya está haciendo. Bueno, amigo, eso es un cinco por ciento de lo que es mi vida en la forma gallística, lo voy a contar más rápido, con pasajes que tienen más remembranza, más nombre. No, no, dije sobre todo para hablar cuatro, cinco días; no un día, no una hora, esa es una verdad. Entonces que pasa me fui a Trujillo, llevé catorce gallos, casi todo los gallos los jugué. Para la primavera, él se había enamorado de una gallina media ceniza barrosa, te acuerdas; después cuando estaba en Lima, sí o no. Una gallina ceniza, bien bonita, hermosa gallina, de un color medio azulada, pero era ligerísima y metía a ful gallo. Te acuerdas que a Corcuera, le hecho su gallo bueno y casi lo pollonea, le sacó la mierda a su gallo, cuando él corrió para levantar su gallo, lo remató en la mano pin y en la mano pan y lo mato. Y esa gallina pues invicta acá en Surco, faena buena oiga, fenomenal también.  Entonces, me llevé catorce gallos, pero era lo mejor, que era el Corazón de León, el ají seco, que él lo vió pelear en Lima, un ají seco que tenía una guardia maldita, se fue una gallina que le decíamos la Muerte, que le maté a Bácula su gallina buena, la hice trizas ahí en Lima, se quedaron con la boca abierta, pucha padre puro lomo, metía los cachos acá nomás, pun, lo remataba, entonces me llevé también el limeño te acuerdas, un gallito ají seco, chato ese, le echábamos más grande, lo mataba oiga, chapaba de la teta pin pan, lo bajaba pin seco, me llevé ese, que más me llevé, me llevé el Pata Verde, el Carmelo, La Cobra ya es más moderna, el Cobre es otro, claro la Cobra, me llevé otros gallos que no me acuerdo, bueno entonces me voy para la primavera, y Jorge Balbuena me dice loco cuanto vas a apostar por cada gallo; mil, apuesta los cinco, diez mil, yo pongo toda la plata, estaba parado Jorge, bueno pues le dije, entonces aposte a los gallos cinco mil, seis mil, ocho mil, los catorce gallos; los catorce gallos ganaron, en los dos días. Ahí está Jorge, Jorge nomás se tiró como sesenta mil soles, setenta mil soles, me llevé a todos, un montó


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