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Camarona
Por: Carlos Cogoro Ventura

 

 
Camarona
 
Gallina medio hermana del Alfiler. Adulta, pesaba alrededor de 5½ libras. Color Moro barreado, seguramente con carga Sonneratii. Descendía de la línea del gallo Camarón propiedad del criador Ariqueño Hugo Mosó; ya el Camarón había realizado cerca de 20 peleas. Chabuca Granda, probablemente nunca participó en una tarde de gallos, pues no era afín con las peleas, aunque fue el motivo para la hermosa inspiración musical que escribiera al gallo de pelea que tituló “El gallo Camarón”. Toda vez que parte de sus relaciones personales y familiares, se desenvolvieron, con personajes del ambiente gallístico y campestre.
La Camarona, hija de medios hermanos varias generaciones después del Camarón legendario, fueron obsequiados a Eduardo Granda Alzamora, durante un viaje por tierra, hasta Arica. Fue reproductora prepotente por el gran acierto y fortaleza que transmitió. Aunque sus descendientes no eran veloces, pero sí serenos durante el combate. Frecuentemente mandaban con el tren de pelea, a pesar de recibir a veces, mayor castigo que asimilaban con naturalidad, dando la impresión que el adversario no era acertado. Sus crías, mantenían fortaleza aunque la tarea era lograr menos masa, peso corporal y algo más de ligereza.
La Camarona, produjo hijos e hijas de buen nivel en el combate. Una de ellas, la Matrona con Trompoloco, madre de la Patrona; ambas de color negro chivillo con plumas del lomo tornasoladas. La Patrona con Bandido, fue madre del Tropical obsequiado a Lalo en casilla; gallo de excelente conformación, con el plumaje del padre y de la madre. Muy sereno y contundente. Poco veloz, definió las dos primeras peleas en pocos minutos con aquella patada que se venía. Fue uno de los gallos que se le grabaran a Don Marcos De la Fuente y años después trajo a colación en más de una oportunidad, el recuerdo del gran estilo de pelea. Jugó dos veces. La tercera pelea, fue llevado al coliseo por un advenedizo, y sin postura a poco de ganar la pelea anterior; el gallo, no levantó las patas y lo ejecutaron en ausencia de Lalito.
La Camarona, tenía clara ascendencia oriental y naturalmente era también de las madres calmadas y pacienzudas para la incubación y cría de polluelos. En una de sus cloqueras, pasaron los 21 días y no eclosionaron los huevos; la Camarona quedó en el nido tal vez 30 o 40 días más, hasta que se me ocurrió poner bajo su calor, un huevo de pata que la madre abandonó, pues demoró en reventar. El patito estaba picando y al día siguiente, observé un alboroto terrible en el nidal dentro del corral y cuando me acerqué, era la Camarona que descontrolada y al bajarla, cacareaba alocada en un ir y venir en el suelo, mientras el patito quedó arriba del nido, graznando extrañado para pedirle a la madre, vuelva al nido. La Camarona giraba, iba y venía desesperada para que alguien la pueda escuchar y explicarle que estaba sucediendo, siendo ella, una gallina de carácter calmo.
Bajé el patito BB, al lado de la nodriza y con extrañeza graznaba en intervalos, encogido, mientras la gallina al lado sin alejarse, seguía en la misma actitud. Si se alejaba un poquito, el patito con intención de acercarse, iba perdiendo el sentido de ubicación. Fue un drama, pero a la vez jocoso, en la vida real. El patito, probablemente fue trasladado al nido de alguna pata clueca por la noche. El caso no era simplemente de desfase generacional, sino, algo más complicado.
Pachacámac, 24 de Diciembre del 2007.


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