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SOBRE EL GALLO PERUANO A NAVAJA
Por: Carlos Cogoro Ventura

 

SOBRE EL GALLO PERUANO A NAVAJA
 
La afición a gallos de pelea y luego a las peleas de gallos, puede considerarse como uno de los aportes más profundos en la transculturación entre Occidente a través de España y América Latina; motivo que evoca el presente artículo. Una vez más a través de la revista, como medio de comunicación y enlace que nos permite confraternizar a distancia entre hermanos y pueblos hermanos, dentro de nuestros espacios de recreo en los que gozamos a través de la afición a Gallos, la Tauromaquia, el Yahuar Fiesta, como fue el Juego de Cañas. También gozamos en deliciosas cabalgatas, montando el Caballo Peruano de Paso, raza equina que para cultivarla, sólo requiere un caballo, su apero, corral y un chalán que viva ilusionado con su cabalgadura. Aficiones tan generosas, que regalan belleza y armonía con la vida de estas especies y por unos minutos, tendremos tema para ocuparnos y relajar nuestras tensiones en presencia o ausencia. Una vez por semana salir a cabalgar, como salir a un coliseo de gallos, en paso llano gateado por dos o tres horas inmerso entre el cielo y la tierra, como catalizador entre chalán y cabalgadura, al cual con gran tacto, podemos sentir hasta la sangre que generosamente bombea su corazón; fundiéndonos en la unidad a través del contacto del hombre con el animal; es el Minotauro, Pegaso y el Nictálope, con el mismo sistema cardiovascular del gallo, fundido entre las manos, el guerrero en su máxima expresión. Instantes que nos sentimos en uno, con lo más sagrado de nuestras raíces. Al final del día, para un hombre de mediana edad, con el relajo y rico cansancio, duchado y antes de recostarse, equivalentes a dos o tres horas de buen partido de fútbol, para un hombre joven.
Tomando al Perú como destino final, la afición al Gallo Peruano a Navaja, viene de Centroamérica donde se encontró también con la de Filipinas, cultura visitada por Españoles y se perpetúa en Sudamérica, sólo en nuestro país. En el libro de Juan Serra Planells, apasionado criador a gallos Valenciano, existen referencias sobre vestigios de la navaja española. Seguramente en Andalucía en general, y los archivos de Sevilla en particular, existan referencias al respecto que puedan ampliar y enriquecer el tema. En Lima, a nuestro alcance, tomamos mayores referencias desde el Siglo XIX. A navaja, pico y espuelas, con naturales, sin postizas. Se trajeron las navajas libres para desarrollar combates, desde México y Nicaragua. No existen referencias con armas españolas de origen. Probablemente las toledanas hubiesen sido magníficas. En el Siglo XX, iniciamos la transición para forjar las mejores, en la Costa Central y es a través de un gran maestro de la herrería, quien fue Dionisio Jiménez, derivó el diseño mexicano hacia “la hoja de olivo”. Entendió la opinión y sentido que pedía el aficionado, antes de 1940. La navaja mexicana con doble vena, pasa a la navaja peruana de doble vena y luego al mejorar la calidad del hierro hacia el acero automotriz; termina el diseño en la navaja actual de una sola vena, con el punto de templado que sólo un buen herrero entiende; ni flexible, ni quebradiza, sólo una pieza. Naturalmente dio mayor eficiencia a los gallos en el combate y conduce la selección en diagonal para tratar de llegar al punto límite de excelencia, calzándola por maestros para algunos gallos. Hoy son poblaciones de eficiencia en su función, entendida por los buenos criadores. Probablemente deberá estabilizarse ahí el diseño del arma y sus menores variaciones, para seguir avanzando con seguridad a través del mejoramiento genético del ave y su medio ambiente.
Con variantes menores en el estilo de pelea y estrategias, “la talla” del gallo de acuerdo a los adversarios, deberá conjugar y demostrar la maestría al menos en tres condiciones inmutables y transmisibles, cuales son, “el tino” o acierto o contundencia en poder lograr ganar con una sola patada o registro; la combatividad, o última ley que reúne bravura con la valentía exacerbadas y difícil de comprobar, por la rapidez en las definiciones y finalmente, “estar en pelea”, cual resume características, como alerta, vista, temperamento, velocidad, ubicación, plasticidad, seguridad, y probablemente otras condiciones, al “estar siempre en pelea” y finalmente, el sello magnético más sutil del criador en su criadero y crianzas. Este foco luminoso, reúne en tiempos libres, parte importante de nuestra población para confraternizar. Cada año, afortunadamente aparece mayor número de “mejores criadores”, por mayor formación y más fácil acceso hacia betas de genética y conocimientos para el manejo de primer nivel. Es difícil en ambas modalidades poder repetir finales en campeonatos grandes reservado tal vez a talentos nacidos, en quienes convergen la mayor cantidad de atributos del hombre a través de los animales, hacia lo profundo. Son los animales con frecuencia que explican en competencias, las bondades de su amo. Son eslabones en el pasillo de la ciudad hacia la naturaleza, a veces lejana, que inconscientemente hacen vivir y recordar de dónde venimos y donde vamos.
Debemos reconocer, los límites dentro de muchas variables en nuestra afición. Son más conocidos que antaño y lo serán aún más a futuro, conforme desarrollemos individuos y sociedad, hacia la unión que nos permita estandarizar con mayor claridad nuestras crianzas y de ahí avanzar en profundidad hacia la excelencia real. La afición a gallos de Navaja Peruana, suele ser más ordenada en el campo de eventos y competencia. La de a Pico y Espuelas, lo fue; ahora no lo es, pero fácilmente puede volver a serlo, mediante aficionados mayores que tomen la responsabilidad y sacrificios rectores. Los mejores estándares para el gallo a Navaja Peruana, son aquellos que conducen eficientemente a la población de un criadero, hacia victorias consecutivas dentro de límites posibles en el orden establecido. A través de métodos técnicos, selección, cruzas, sistemas de crianzas, salud, alimentación, entrenamientos, instalaciones, planeadas y llevadas a cabo con talento, amor a la naturaleza, labores, perseverancia. Además, buen gusto en el acabado que enriquece las impresiones vividas; aunque no la calidad que transporta el gallo en el andar cuando deja todo lo demás para medirla a la de a verdad, representando el criadero, sólo con el hombre de confianza, unos metros de distancia y con la vida o la muerte al frente por unos segundos que decidirán el tiempo o la eternidad. Sea cual fuere la afición, bien entendida y en profundidad debe representarnos y recorrer la vida misma en orden, respeto y armonía.
 
Pachacámac, 13 de Septiembre del 2006.
 
Carlos Cogorno Ventura

 


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