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Artículos

Cuento gallistico "Peluchin"
Por: CARLOS COGORNO VENTURA

 Para mi amigo: Jean Paul Suarez y

Ricardo Córdova   www.gallosperuanos.com

El cuento de Peluchín

Por Carlos Cogorno Ventura

Pachacámac, 04 de Noviembre del 2015

 

 

Peluchín

 

Tenía 12 años y el Maestro de la escuela, comentó en clase:  “la Creación es diferenciación”. Es muy poco probable, encontrar dos seres idénticos. Me gustaba el campo, los animales, la naturaleza y se me grabó esa afirmación que no olvidaría jamás. Mi Padre era aficionado a la crianza y peleas de gallos y de él aprendí muchas cosas. Pero ¿porqué, necesariamente debíamos buscar un criadero con todas las aves parecidas?. Es poco creativo. La concepción que tengo de la vida, es diferenciación. Debía emplearla entonces para obtener beneficios. Aplicando ese elevado concepto, me dediqué a ponerlo en práctica. No esperaba aves que a simple vista, parezcan iguales, pero debía exigirles cumplan con eficacia y eficiente función combativa, hacia la victoria. En todas partes existen aves de diferentes formas, colores, tamaños, caracteres. Pero ¿qué hacía al criador de cada lugar seleccionara las mejores?. Observando detenida y calmadamente, llegué a concluir que el motivo de seleccionarlas, no es tanto la parte exterior de ellas, sino, el nivel de cualidades mostradas a la hora del combate. Debía demostrar por ello, que lo importante es el estilo y cualidades sobresalientes de combate. Eso no varía en ninguna parte del mundo y también son cualidades variables que permiten logremos animales campeones.

Obtuve animales de diferentes regiones, de las más diversas formas y colores, tipos de pluma, colores de patas, picos, cabezas, llamativas, de atención al público y aficionados las cuales me tocaban en suerte por adversarios y logré demostrar, el principio de diferenciación plenamente, cuando obtuve un gallo maravilloso al cual le llamamos “Peluchín”. Además era un animal de indebida apariencia; no es bien considerado por las características externas, por los aficionados, hasta cae en el nivel del desprecio, existe una ley natural la cual alguna vez me comentó un amigo gallero y es la Ley del despreciado, como lo narra el cuento del Patito Feo y al final de la historia resulta ser el más considerado, por sus cualidades.

Era diferente a simple vista, por el cuello pelado aunque su colorado plumaje y el tamaño no eran distintivos. Generamos una atracción mutua entre el pollo y el amo. Fácilmente lo ubicaba entre la parvada y lo seguía con la vista, su vitalidad, vivacidad y por más que tratase de mimetizarse con el grupo, no lo lograba. Había de mi parte, una comunicación visual y estoy seguro que a él le transmitía un sentimiento de seguridad, cuando les daba el alimento, agua y las atenciones diarias. Probablemente ese sentimiento y atracción ayudó posteriormente en la sana adultez de “Peluchín”.

Conforme crecía, aumentaba mi curiosidad, por verlo en el ruedo con otro pollo, pero no deseaba apresurarme, para evitar estropearlo. Pensaba que suelto, desarrolla mejor y ejercita los músculos, aumenta la rusticidad, hasta llegar la hora de encasillar al grupo de pollos, entre ellos “Peluchín” que era quien me causaba la mayor expectativa. Era como un reto muy profundo. Varios meses estuvo separado, aunque no aislado, sin faltarle alguna caricia a la mano.

En el primer tope, “Peluchín” se muestra como es. Camina por un lado y por el otro, va hacia adelante y se pega al rival. En un inicio, parecía mostrar un juego desordenado, pero en los siguientes topes, me di cuenta esa era su mejor defensa, pues sacaba del juego a los adversarios y no les daba distancia para jugar cómodamente. Durante los siguientes topes, fué similar en el juego y estuvimos seguros, esa era su mejor defensa; sólo debíamos probarlo en el ruedo, para demostrar con seguridad aquello que con cierta inseguridad esperábamos de él. A pesar de ello, aun me quedaba alguna duda, pues quien veía al pollo, no era nada alagüeña su crítica desde pequeño y de manera indebida, lo preparamos y llevamos al coliseo, a los 10 meses.

“Peluchín” peleó tal como lo hacía, mostró además, poder en las patas y capacidad de asimilar castigo pese a la corta edad, pero empató una pelea ganada, la pregunta era ¿porque?. El preparador insistió en calzarlo con armas largas y mi argumento es que ello era un error, pero claro, más era la falta de confianza que siempre persistía en el equipo, al pensar que con armas largas, debería un gallo ganar en menor tiempo. Mi argumento es, si el gallo juega moviéndose de un lado al otro y se pega, por lo cual el arma larga le causa incomodidad, pues a corta distancia, patea más cómodo y seguro, con espuelas cortas. Además del coraje, defensa, fortaleza y la fuerte mordida mostrada en las primeras peleas, estuvimos acomodándole poco a poco espuelas más adecuadas y el animal cada vez con mayor experiencia, ejecutó en menor tiempo a sus rivales, demostrando ser todo un campeón en los diferentes ruedos a los cuales le tocó combatir. Hizo honor al gran boxeador Panameño, quien fuera Campeón del Mundo en su categoría quien fuera apodado cariñosamente por la afición Panameña como “Peluchín”; controvertido, pero de gran coraje y definición. Son seres a los cuales les toca demostrar lo que son, pese a la opinión adversa enfrentada. Una vez más se confirmó la existencia de la Ley del Despreciado, narrada por el cuento clásico del Patito Feo, de Hans Christian Andersen, en el cual de pequeño, era diferente a los demás por su color y de adulto, llegó a ser el más hermoso de los Cisnes del lago.


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