entrevista a carlos vega torres y carlos diaz hoyle
CARLOS VEGA TORRES “CHALE” Y
CARLOS DÍAZ HOYLE “CHALE”
Pachacámac, 11 de Marzo 2006
Bueno, yo en mi tierra natal de Quimbes, la provincia de Santa, del departamento de Ancash, por razones de colegio, porque solo había hasta tercer año de primaria era necesario ir a Trujillo, por esos años, había un señor, un comerciante que llegaba a Quimbes y se hizo muy amigo y posteriormente compadre, porque bautizó a mi otra hermana menor, entonces conversando con ellos, seguramente entre ellos, le dijeron que era necesario que salgamos de ahí de ese pueblo por instrucción y educación a Trujillo, de manera que llegué a Trujillo, no recuerdo en que año ha sido, pero lo cierto es que ahí estudié en el Colegio Moderno primero y posteriormente, la media lo hice en el Colegio Nacional de San Juan. En Quimbes se jugaban gallos de navaja, recuerdo a unos aficionados ahí en Quimbes mismo. El señor Lostaunau. Bueno, mi abuelo era uno de ellos aficionados de navaja y tenía unos gallitos, así como le cuento a Chale, mi tocayo, unos gallitos de ascendencia inglesa, como una especie de anécdota les cuento, que fui a vivir a la calle Lloque Yupanqui, cerca de la Plazuela Pinillos en Trujillo y mi vecino era un señor Ramírez, un moreno que era mi vecino y tenía una mata de higos, que pasaban sus ramas a mi casa y yo de chiquillo le birlaba pues los higos, entonces me encontró una vez y de ahí entablamos una pequeña amistad, porque él tenía presente el canto de los gallos que yo tenía y topábamos los gallos de él contra los míos que llevaba de Quimbes unos gallos finos por supuesto. Ingleses, eran gallos ingleses. Navajeros. El señor Ramírez criaba pico, a pico gallos de a pico, entonces hizo un cruce de esos gallos navajeros ingleses, puros con sus gallinas y si yo mal no recuerdo tuvo bastante éxito. En esa época los gallos japoneses, japoneses bien enguardiados, pero le aventajaban estos gallos cruzados, porque le habían dado más ligereza al gallo asiático; el señor Ramírez tuvo muy buenos resultados con eso, porque, inclusive de su ganancia me daba una pequeña propinita. Y así fue, como me inicié en los gallos. Con la afición pero de navaja, pero como en Trujillo se producían a veces enfrentamientos de gallos de navaja, parece que compraban, según me contaron, en la época, compraban los gallos de la plaza, les ponían navaja y así hacían su pelea de navaja. Ocasionalmente, pero Trujillo siempre ha sido la cuna de los gallos a pico, recuerdo por esas épocas a los aficionados, don Pancho Salaverry Pinillos. Pancho, Panchito Salaverry, Pancho Pinillos, no era Salaverry, el flaquito. Era Pinillos Salaverry. Después un señor Prebos, Ismael Prebos, luego el señor Miguel Ganosa, después tenía el director Ganosa, el señor Mora. Don Víctor Mora, dueño de los transportes Mora de esa época. Y bueno, tantos que ya no alcanzo a recordar. Jugábamos, jugaban en el coliseo, en la calle Junín había un coliseo. Después había un coliseo Los manguitos, recuerdas Chale. Ese era de mi abuelito, pues. Cuantos años hace de eso, posteriormente, año y medio en Trujillo y luego vine acá a Lima. Con Nepeña el Moro. La misma ruta, se entra veinte kilómetros antes de Chimbote, a la derecha, se llega a Nepeña, luego San José, luego San Jacinto, Moro, Quimbes. Actualmente hay carretera por ahí. No llegan a Huaraz por ahí, pero si hay una carretera hacia los otros pueblos. En este caso caseríos serían y distritos también, porque si ha avanzado bastante la carretera. Esa zona eminentemente, navajera; navajera, pero ya han introducido el gallo de a pico, sobre todo en la hacienda San Jacinto, se juegan el gallo de a pico, en Jimbe todavía no, porque prácticamente, es imposible introducir. Jimbe tiene una altura más o menos de dos mil cien metros. Claro, un poquito más alto. En Trujillo conocí al señor Juan Hoyle, conocí a este señor Serapio. Preparador y por supuesto que era preparador el gran aficionado el señor Ichicawa, que era el hombre, que prácticamente era uno de los entusiastas de los gallos, para esa época. Juan Hoyle, no alcanzo muy bien a recordarlo pero sé que tenía una tienda, yo conocí esa tienda, creo que ha sido en la calle Bolívar y Gamarra. Una esquina. Y así pues Carlitos, fue como yo recién hice mis pininos en los gallos. Mira, por razones de mi trabajo, tuve que llegar a Chimbote a la firma… a la pesca primero y después a la firma esta Sofgesa; y ya había muchos, mucha gente del norte, sobre todo de Máncora, gente de la pesca que venía a Chimbote y con ellos trajeron todas sus costumbres, las costumbres entre ellas estaba el juego del gallo a pico, entonces comenzaron a jugar en Chimbote, en varias canchitas en los alrededores de Chimbote, una de ellas era La Balanza me acuerdo el sitio, había una zona que se llamaba La Balanza, ahí tenía una gallinita y se jugaban gallos, ya en esa época, se jugaban gallos japoneses, de mucha guardia, gallos muy finos. Pura navaja, toda pura navaja. En Chimbote, en el cuarenta y cinco más o menos, si mal, si mal no recuerdo, tú ya has estado en el cuarenta y cinco en Chimbote. Claro, pues, cuando recién se incrementaba la época de Banchero, se estaba implementando la pesca. No ha sido el sesenta y cinco?. No antes. El cuarenta y cinco ten en cuenta. Yo más o menos tenía diez años y me fui con el ”Rayo”; “Rayo” me llevó. Ten en cuenta que el cuarenta y cinco, recién terminaba la guerra mundial. Ahí recién comenzaba la cuestión está de la pesca, con quién, con este lucho Banchero. El cuarenta y cinco. Bueno, yo tenías diez años. Yo les puedo hablar del año cincuenta y nueve; cincuenta y nueve, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve y se iniciaba, justamente, cuando yo estuve trabajando en la pesca allá en Chimbote, y se iniciaba o yo inicié nuevamente, reinicié o frecuenté mejor dicho nuevamente los gallos de a pico. Allí había un coliseo de navaja, el señor Blanco era él. Don Santiago Blanco. Claro, Santiago Blanco era. Era dueño del coliseo pero de navaja. Sí, en primera instancia fue de navaja. Y donde se jugó por primera vez lo gallos de a pico acá en Chimbote fue entrando a Chimbote a la mano derecha, al lado de la siderúrgica así más para acá. Esa es la zona de la Balanza. Esa es la Balanza, claro, ahí era una canchita chica nomás, de estera, el jefe de la PIP tiene que ir, el juez, el jefe de la PIP. Él era ahí el juez, un aficionado, buena persona. Nos fuimos con “Rayo” pues y bueno, llegamos, y nos encontramos con toda la gente, sería después de las dos de la tarde más o menos, saqué un gallo machetón que tenía; desde que llegamos me pararon ahí los de Chimbote, gallos de espuela, una espuelaza, pero era más chico y tenía pegaba durísimo y con cierto, pegaba en la cabeza nomás, pero yo le veía las espuelazas y me daba miedo. Y el otro a cada rato los paraba, a las seis y cuarto más o menos, que estaba ya oscuro, nos íbamos a venir y le digo a Juan, ya vamos, vamos echándole; oye, jugamos, creo que fue ochenta soles, cien soles, no me acuerdo; pero que resulta, el mío le acertó dos samacones de entrada nomás, oye, al gallo de espuela; agarró y se mandó mudar y no
regresó más el gallo, limpio salió el gallo. A él que nos pasó la voz, fue este muchacho no me acuerdo, en Chimbote están empezando a jugar gallos de a pico; que van jugar, de a pico juegan; sí, entonces agarre, me fui a donde Juan y le digo, sé qué están jugando gallos en Chimbote, vamos, no son navajeros; vamos, yo te pago el pasaje, era barato el pasaje, era cinco soles creo que costaba, yo te pago el pasaje; vamos, vamos. Nos fuimos. Bueno, lo cierto es que jugó el gallo y nosotros íbamos a Laredo a jugar los gallos, hemos venido y al siguiente domingo nos fuimos a Laredo; como no han venido el domingo que ha pasado. No, le digo, nosotros hemos descubierto una plaza, hay plata, ahí vienen los pescadores están con plata; ah, hubo un patrón de lancha, uno de los patrones de lancha más visibles de ahí, nos invitó a su casa a comer, contento por lo que habíamos ido nosotros, los primeritos habíamos ido allá a Chimbote; bueno, así que aquí en Laredo, agarra escuchaban, eran bien unidos los Laredinos, escuchaban lo que hablamos nosotros; bueno, estuvimos ahí jugamos unos gallitos, hasta el siguiente domingo muchachos, este domingo nosotros vamos, oye y la gente no llegaba, no llegaban, los Laredinos, el Rufo, el chino Gutiérrez que había ido ese día, Gutiérrez ya murió; como se llama el chino, Alberto Gutiérrez era, mi gran amigo, agarra se había ido como con ocho en el carro, tenía un carro grande y en los otros carros también se habían ido acompañándolo; dicen que llegan a Chimbote los agasajaron, a hacer las peleas, no ganaron una pelea, no ganaron una pelea, que había sucedido, que habían venido los de Chimbote acá a Lima y habían comprado gallos, porque allá estaban con la plata pues, cuánto quieres por tú gallo, pun… pagaban nomás, es cierto le digo, claro, entonces habían traído buenos gallos, así es que les ganaron, los dejaron misios, no tenían ni para echarle gasolina al carro, con eso te digo todo, tuvieron que prestarse para echar gasolina. Tú te acuerdas de la Balanza, como era?. Sísísí, sí me acuerdo de eso, el juez era el señor Colina, un gordo él, Colina. Sí, yo recuerdo mucho de él, un señor muy respetable. Un señor de bigote. Como le vuelvo a repetir, hice mi reentre ahí. Perdón, un paréntesis, este de la PIP, era amigo, de Del Campo, él también murió; de una familia trujillana; Del Campo y con este fue a mi casa Armando, a decirnos que allá en Chimbote estaban jugando a pico y que nos invitaban; así ha sido. Sí pues por esa situación yo le dije a “Rayo” para ir. Como le estaba diciendo pues, ya para esa época, hice mi reentre en los gallos, le voy a contar antes de la situación esta, cuando estada acá en Lima, estaba trabajando en esa época, estaba trabajando en el Banco Internacional y casi no habían peleas de a pico en Lima, las peleas de a pico se hacían en el Callao y al Callao había que ir, yo no frecuentaba allá; he venido nuevamente a presentarme en Chimbote, entonces allá todo es a pico, todo el mundo tenía que ser de a pico y solamente, los navajeros jugaban ciertas temporadas. No, los gallos de navaja los he venido a ver, justamente como dice mi tocayo Chale, en el restaurante de don Santiago Blanco, donde se hacían pelea de gallos a navaja, y otros a pico; yo alcanzo a recordar todas esas fechas, donde tuve a muchos amigos, en esa época siempre con sus apodos, muy pocas veces por sus nombres, su apellido o su nombre, el que recuerdo mucho también es un buen aficionado, que ahora está retirado de la afición, este muchacho Gonzáles, que le decían el famoso zambo, Gonzáles. Era un aficionado, amarrador, preparador y un aficionado completo. No eran dos hermanos. Sí, uno se fue a Cajamarca. Dos hermanos, zambo Alfonso. Sí, el zambo Alfonso Gonzáles. Sí. Un negrito gran aficionado. Ellos prepararon el gallo el “Mao”. Claro que sí, claro que sí. El gallo “Mao”. Con la afición del gallo a pico, ya por esa fecha conocía, no, reconocí podríamos decir a mi gran vecino de Trujillo y de la niñez, juventud Leyva, el gran Kiko Leyva y él me regaló una gallina y un gallo de a pico, entonces esos gallos los mande a mi pueblo a Jimbe, donde estaba mi padre y mi hermano y me los criaba e hicimos camadas, de ahí empiezo nuevamente. Eso ha venido sucediendo en el año sesenta más o menos; el año sesenta. Claro, comenzó el auge, mi hermano se vino a Chimbote, con mayor razón, criamos ahí en Chimbote, grandes peleas, grandes amistades. Sí, en Chimbote había mucho dinero y tomé en serio la afición, de ahí no solté la afición, estuve en Chimbote he estado hasta el año setenta, después del terremoto del setenta, me vine a Lima. A mí me agarró el terremoto en Chimbote también; se tiraban hasta el suelo con los brazos abiertos, uno se tiró con los brazos así hiiiiiiii, y mi hermano le pregunta y tú porque te tiraste al piso, así implorando a Dios seguramente, no dijo, si se abría la tierra por el centro, me agarraba con un brazo, sino por el otro lado. Bueno, con motivo de la afición a los gallos, hice muchas amistades, entre ellas tuve la gran amistad del señor Augusto Sara Laffose, que era presidente del Club Calicanto, entonces cuando me vine de Chimbote, lo primero que hice fue ubicarlos, los ubiqué en San Luis, don Augusto Sara Laffose tenía una fábrica y ahí tenía el galpón “Calicanto”, me hice amigo, como amigo de todos ellos y me dediqué a preparar los gallos, fueron buenas épocas de amistad de consolidar mi afición y seguí con él, con ellos tuve la oportunidad de ir a Chiclayo, hemos ido a Trujillo, hemos ido a Chepén, que era los veintidós de enero, donde nos acogían muy buenas amistades, muy buenos amigos en Chepén, hemos ido a Cajamarca, y hemos competido en casi todas las canchas de Lima, para esa época el “Gallo de Oro” principalmente, jugábamos en Chaclacayo, en una canchita que está casi en la ribera del río, se acuerda de esa cancha. Santa Inés, bonito, era un panorama muy bonito, que al frente del fundo estaba el río, y así. Claro, se hablaba más de los gallos cruzados japoneses con chileno. Ese era el cruce que predominaba en esa época, y por supuesto que era un gallo que tenía, algunos sacaban las dos cualidades juntas, el gallo chileno con su fiereza y gran poder y el gallo japonés con su gran defensa, había que entrar, porque tenían las dos cualidades juntas, era pues un gallo casi invencible, por supuesto con los de Lima, son diferentes tipos, pero muy buenas peleas para esa época. Bueno, como te digo, que la uniformidad del gallo era pues, porque había solamente ese cruce, había el asil también, jugaba, pero más eran los gallos japoneses. Ah, por ahí está, por esa fecha, conocí a un gran aficionado el señor Silva. Don Pepe Silva, que en el galpón de él tuve la suerte de conocer varios tipos de gallos japoneses, entre ellos el shamo, el gallo chiquito este negro que hay. El tuso, y él kisisita, y varios, varios gallos chile
no tenía él, los asiles también los conocí ahí, don Pepe Silva que vivía en Santa Anita. No, yo ya lo he conocido en la ciudad. Cuando estaba en Chiclayo trabajaba en chacra, bella persona, después con Chale, oye mi tocayo, nos encontramos acá en Lima. No llegué a conocerlo, quizás no lo recuerdo. Ahí en la cancha de los abuelitos, estaba mi abuelito. Es probable que lo haya conocido. Por ejemplo, puedo recordar a nuestro gran amigo, que es el dueño del “Gallo de Oro”, como no recordar. Ricardo Jamiz, buen amigo, muy buen amigo, conocí, al papá de ellos, que también frecuentaba el coliseo y era muy conversador y aficionado a gallos también. La época de oro de los gallos de a pico. Bueno, las mejores épocas y los mejores ejemplares que yo he visto jugar y sensacionales. Te refieres a qué, a la plaza. Indudablemente, el veintiocho de julio en “El Gallo de Oro”. Claro, claro que sí, pero indudablemente, las concentraciones de veintiocho de julio, con Ricardo Jamiz en el “Gallo de Oro” eran las más espectaculares, porque no hay duda la fiesta de Lima y aniversario de veintiocho de julio, grandes concentraciones, muy buenas atenciones de parte de este compadre, que es tan buena gente, así, tantas amistades, tan buenas. Trujillo. Que son más clásicos se puede decir, porque Chimbote vino a ser casi una sucursal se puede decir, de los gallos de los criadores; una sucursal e Trujillo se podría decir, primero porque Trujillo tiene mucha más antigüedad en gallos de a pico que Chimbote; Chimbote habían gallos navajeros únicamente, y después por ese fenómeno mismo, del afán del gallero, de tener lo mejor; bueno, vinieron. El chimbotano, siempre fue una época que siempre tuvo más plata que el trujillano, entonces, tú sabes que cuando interviene el dinero, hay más emoción en las peleas, porque es más o menos lo que se va a perder o ganar, hoy siempre eso tiene contundencia. Al doctor Tirado lo conocí era un señor cajamarquino, si lo conocí. Así es celendino, después puedo mentar también en Chimbote a un buen aficionado, el doctor Torres, Julio Torres Delgado, abogado él y gran aficionado, él era de Arequipa; arequipeño pero reside muchos años en Chimbote, muy enterado en gallos. En lo que se refiere, bueno, cada preparador tenía su método desde luego pero, por la razón misma de que se jugaba treinta minutos, había que darle, una preparación pues excelente, física; una preparación física excelente al gallo, para que pueda resistir combatiendo treinta minutos, resistiendo los espuelazos que vienen, como competencia del enfrentamiento; la preparación me parece que era más completa que la de ahora, minuciosa, incluso me parece que había muchos, cómo podemos decir, se pensaba mucho de que al gallo debían de dosificarle el agua, cosa que ahora creo que ya se desecha; porque antes el gallo debería estar bien seco, bien seco, quería decir que no tome mucha agua y en la musculatura debería estar completamente, definida. Sí, eso se notaba por la raya que se le forma en el muslo del gallo, en la parte posterior, se le formaba, no sé si será por su raza, se le formaba una raya ahí, tú te recuerdas Chale, entonces eso era índice de que ese gallo estaba bien puesto, el gallo para que combata media hora, tenía que prepararlo por lo menos una media hora y era, el que menos se esmeraba, en sacar bien echaditos a sus gallos. Pobre el que sacaba un gallo así plumoso, bravo era el gallo, a ese se le iban encima; a ese se le iban encima, habían eventos ahí, que lindos gallos, allá no sacaban al gallos llenos, se caracterizaban por la presentación de gallos impecables, bien pesaditos, bien frotados que daban un color rojo, que digamos un rojo rubí y ese era el índice que tenía la cara, las piernas y todo, bien rojo y ese era el índice, que el gallo estaba saludable y bien puesto; así le llamaban antes, bien puesto. Unos le echaban limón, otros unas frotaciones ahí, pero. Sí, eso inclinado puramente, por el limón, porque según me dicen, el gallo a través de su piel, no tiene poros. No suda, entonces, que le echaran cualquier sustancia, pero sería igual. Eso sí, parece que le curte no, muy interesante la forma como se preparaban los gallos. Los aficionados de Camaná, por esa época, el setenta, el sesenta y nueve, después del sesenta y cinco al setenta, arribaban solamente, hasta Lima, no prolongaban su viaje hasta el norte casi; yo recuerdo para esa época, unos aficionados, era un doctor que era odontólogo, o creo era mecánico dental; un camanejito, llevó los gallos por primera vez al norte y justamente, hicieron un alto y tuve la suerte de tenerlos en mi casa por unos momentos y ahí me enteré que habían venido a jugar a Piura, pero antes solamente, los camanejos venían hasta Lima, para esa época Camaná, tenía muy buenos gallos, me acuerdo que un año capotearon, capoteaban en gran forma, porque creo que de nueve gallos ganaron ocho, y empataron uno. En todas la épocas han habido visitas, digamos de Trujillo a Lima y de Lima a Trujillo. Recíproca. Visitas recíprocas, en materia de gallos de a pico, por lo general de Trujillo venían a jugar gallos acá, al Callao, venía don Farfán Pineda, don Pedrito Rivadeneyra, creo que ya estaba asentado acá, el señor Cárdenas, te estoy hablando digamos setenta años atrás, por lo menos, yo tenía conocimiento de eso, cuando paraba la oreja, escuchar a mi abuelito sobre todo, los gallos que venían de Trujillo para acá a Lima, las reuniones se hacían en el Calla y allá quién los recibía era don Eusebio Bravo, también los recibía a todos ellos; y habían un montón de japoneses en el Callao, tenían muy buenos gallos, tuve la oportunidad por ejemplo, de una vez cuando visité Trujillo, cuando tenía un japonés que siempre se le menciona, yo solamente, lo he visto una sola vez del Callao, como se llamaba, Azato; él fue a Trujillo al coliseo de la Libertad, ahí lo conocí y armó su gallo y ganó su gallo, buen gallo, ahí lo recuerdo, pero había esta reciprocidad en la afición; después ya se abrió el Coliseo del “Gallo de Oro” y parece que tuvo, bastante aceptación acá en el país. Sí pues, hacían invitaciones, llegaban las invitaciones a todo el norte y como la fecha indicada, la habían tomado acá, para el veintiocho de julio, todos los gallos que jugaban dentro de los años anteriores, que habían jugado y eran muy buenos gallos, precisamente, para esa fecha los preparaban y los traían acá, unas peleas; pero esa era la mentalidad norteña, traer los mejores gallos a la capital, aunque juegue dos reales, pero los gallos ahí de la granja, cuánto jugaban quinientos, mil soles, primero era quinientos soles, pero después tenías que poner el doble, jugaban, ganaban, por lo general han ganado, para que, es que seleccionaban bien. Tú me dices, que visitaste el coliseo de Junín, te acuerdas del gallo del sargento Lazo, fue un gallo, “El Caimán”. “El Caimán”. A sí, sí recuerdo, “El Caimán fue un
gallo capero sí. De salida, Capero, los japoneses se habían ido, de acá de Lima, invitados allá y jugaron cuatro, cinco gallos y los cinco gallos ganaron, los tenían en el bolsillo a todos los trujillanos, habían ganado pues allá; para esto, el sargento Lazo tenía un gallo, que le hacía coteja a los gallos que habían llevado de acá de Lima, los japoneses, lo cotejan y va la pelea, el sargento Lazo salió y regresó con un montón de plata, para jugar sus gallos, se había llevado poca plata, hicieron la pelea, Tú sabes que allá siempre son regionalistas, todos iban al gallo del sargento Lazo, caracho. Sí, y los japoneses les reportaban timbiadores eran; y todo lo que te estoy contando lo he escuchado de los viejos también, uno de los más viejitos es aquí mi amigo Chale; entonces los japoneses pagaban a todos los trujillanos que apostaban, pagaban, pagaban, pagaban; vieras la cantidad de trujillanos que estaban ahí y los japoneses apostaban con toditos, no ves que les habían ganado su plata y el gallo este del sargento Lazo comienza una capa derecha izquierda y en una de esas el gallo japonés, fuif… y se fue encima, carajo y no quiso armar más, dice que fue un alboroto la cancha, la alegría, habían recuperado su plata y ya se habían quitado el clavo de la derrota; muy bien, ahí había uno de los aficionados viejos, que estaba mirando al gallo, al famoso “Caimán”, que era don Miguel Ganoza, su hermano de Macario Ganoza, gran criador de gallos japoneses, tuvo la paciencia de preparar un gallo, que era un poquito más alto que el “Caimán”, y su especialidad era patear de atrás, como un burro, jajaja, altísimo, lo preparó ahí, y un domingo lo sacaron al ”Caimán” y lo trajeron al gallo de don Miguel Ganoza, inmediatamente, carajo, hasta moche se fueron a traer al gallo, hicieron la pelea, sobraba la plata para el gallo de el “Caimán”, gran favorito, no ves que le había ganado al gallo de Lima y todo eso; y bueno, sueltan gallos, comienza el “Caimán” pam, pam, pam; y sale a la capa y se dio como cinco vueltas, después de cinco vueltas y el gallo de Miguel Ganoza, de atrás tran, tran, unos patadones, el “Caimán” quería meterse a querer morder, el gallo ya estaba metiendo, japonés pues, se metía, la pegada era de atrás del gallo, cada gallo tiene su cualidad, no todos los gallos japoneses pelean de frente, nada, huy agarró lo sacó gritando, al gallo, al “Caimán”, de ahí empezaron a cantarle a ese gallo se va el caimán, se va el caimán, jajaja. El sargento Lazo, sargento de la policía, bien sabido era, no ves que jugaban entre amigos, la chacota, todo era broma. En esa época oye, los gallos jugaban una hora. Apropósito otro gallo famoso que hubo, allá como se llama, en Chicama, en el puerto de Chicama, en el valle de Chicama y yo tengo un tío que se llamó Luis Hoyle, él desde que se metió a los gallos de a pico, fue mi tío Rafael Larco, hermano de mi tío Gonzalo, mucho mayor que mi tío Gonzalo, se mete a los gallos y mi tío Luis, que era tío de él, agarra y se mete a criar gallos de a pico; dice, que haya criado Rafael, mentira, yo fui el que sacó la camada de mi salió ese gallo; y cómo dice que es; agarré y me conseguí hilo, todos los aficionados que habían allá y le metí un gallo, lo único que sé que era un gallo, pero la madre no sé cuál era; salió el famoso gallo “Caimán”, dice que a todos los hermanos los mató, los mató, los mató; a los de diferente forma los mató, y ya lo sacaron a jugar, dice que se ganó como. “Temblor”, ese gallo dice que se ganó como once peleas, en esa época, once peleas, se llevaban a jugar no sé a dónde, a la hacienda Roma, no sé dónde y a el gallo lo van a picar porque era una concentración, en esa época, lo van a picar al gallo, pero antes de que lo piquen, ya habían hecho apuesta y todo, antes de que lo piquen, dicen, que el careador se dio cuenta, se lo queda mirando a uno de los animales, de repente, se asustó, se asustaron, unnn… se mandó mudar, dice, que le llamó porqué, los sueltan, dos patadas, y el gallo comienza a ponerse morado, morado, morado y plan… se cae el gallo, ni careando, ni nada, para malo, tenía que tener mucho cuidado también. Primero, antes pues había esa costumbre, cuando se iba a concentraciones, uno agarraba su gallo y lo primero que hacía, era agarrarle el pico, y justamente, era por la costumbre que habían agarrado, según le llamaban, de que le dan en esa época pildoreo; el pildoreo, que quiere decir pildoreo, que el gallo estaba suelto por ahí, le tiraban una píldora, somnífero, que sería y al gallo lo tenían tonto, había que tener mucho cuidado para esa época, ahora ya no se usa eso. Yo nunca he visto eso. Yo tampoco, nunca he visto tampoco. A nosotros nos han contado. Un costalillo. Un costalillo de arena. La caponera, cuando en contacto con estos viajes. Había que viajar. En viajes interprovinciales, tenía ir en la caponera y el gallo una vez que, importaban, venía ya en ese tipo de cajas. Sí, cubriendo, las comodidades para el gallo. Chale es uno de los hombres ocurrentes, en lo que se refiere a caponeras, una vez creo, que el cajón de una máquina Singer, de esas de mano, creo que lo pusiste como caponera. Acá fue en Lima. A un Radio fue. Había un radio, me encontré. Así, parecido a este, fíjate, en esta forma y para acá el radio, se saca el radio viejo, con su tapa, lo hice oye, con su tapa, todo, por acá tenía un hueco, por donde eran las perillas. Las perillas esas servían para el gallo, se abrían ahí, por ahí sacaba el gallo, comía y pa… lo tapaba. Una carga. En Calicanto, sucede algo muy especial, las reuniones de los aficionados de Calicanto eran los sábados, pero solamente, para las grandes concentraciones, Calicanto, iba disciplinadamente, digamos a la gallera, pero después corrientemente, no iban tanto, se desanimaban a última hora, no se ponían de acuerdo, pero siempre que hemos ido a las concentraciones hemos llevado buenos gallos, unos perdían otros ganaban como siempre, tenían también premio de calidad, premio a la calidad, con un gallo llamado “El Chonta Estaca”; “Chonta Estaca” le decían porque era un gallo de patas verdes y de cachos negros y de ahí viene la palabra “Chonta Estaca”, la chonta es una madera negra y la estaca era negra, un gallo de mucha calidad, tuvo varios encuentros y todos los definió con victoria, el gran “Chonta Estaca”. Ya se calzaba, cuando llegue a Calicanto, nunca connatural, siempre con eso, también he tenido oportunidad de ir con gallos de Calicanto, a este coliseo, que construyó el papá de los hermanos Jamis. En Puente Piedra. En Puente Piedra, “Raymundo” le puso el nombre, a ese coliseo, en el kilómetro veintidós creo que era en el Chillón, yo tuve la oportunidad de estar, bonita gallera, muy bonita, pero no sé qué paso que ya no. Ahí se jugaban muy buenos gallos, hacían buenas presentaciones. Calicanto, es de Huánuco, la mayor parte de socios de Calicanto eran huanuqueño
s, ellos el quince de agosto estaban allá invitados especialmente, buenas faenas hemos hecho allá en Huánuco, una vez capoteamos y la pelea central que íbamos a hacer, no sé con quién, que cantidad de plata pagaba, significativo el monto, contra Tingo María; no se presentó Tingo María, porque creo que le habían dado una tanda, una marsa que no les quedó ya dinero, se tuvieron que rebatirse en retirada, pero muy bien jugamos, todos los gallos ganamos, fue una de las mejores faenas que hicimos allá en Huánuco. Criador también era, ellos venían del norte, al norte creo de Piura. Al norte, de Talara creo que eran, de Talara. Y toda su familia, ahí hay una referencia que seguramente, le va a agradar a los aficionados al verla, cosa curiosa, que la esposa de Zoilo, era gran aficionada a los gallos también, y le ayudaba a preparar los gallos a él, su hijos estaban pequeños, en esa época la señora misma les daba de comer y los preparaba también, cuando él tenía que salir a la faena de la pesca. El señor Arriola también en Chimbote, Chimbotano. Él era creo que de Guadalupe. Guadalupano creo que era. Muy carismático. Huy, colosal, muy costeante. Carismático sí, don Manuel Arriola. Participaron en Chiclayo, para un treinta de agosto. Nosotros sí, ah, tú no fuiste. Con Calicanto. Su aniversario creo que es el quince. El quince de agosto. Y el treinta de agosto fuimos a Chiclayo, hemos ido a Chiclayo a jugar, en Trujillo también, siempre hemos salido a concentraciones con Calicanto; Calicanto tuvo un gallo famoso, que nunca perdió y se agarró siempre peleas de concentraciones, todas concentraciones, nunca perdió, siempre victorioso, salió adelante, se llamó “El tractor”, era un gallo de tipo asiático, pero raro, era un asiático raro, la cabeza japonés, las piernas bien fuertes, bien parado, pero tenía cola parada, no sé de donde le vendría, eso de la cola parada al gallito, pero era invencible, invencible. Mucha guardia y mucha espuela, mucha guardia y mucha espuela y honda, metida honda, yo recuerdo una concentración con un gallo gallina muy famosa en Chiclayo, para una fiesta de primavera en Trujillo, en esa cancha que queda por la carretera a Chanchan. En Huanchaco. A Huanchaco, antes era Huanchaco, de Taboada. Claro, ahí, le desafiamos a un gallo gallina, más alto y todo, pero “El Tractor” le puso la guardia, lo controló bien, le respondió los tiros y finalmente, lo coció a cachazos y lo enterró, lo mató; y cosa curiosa que él, yo no sé, como no se ha corrido, el gallo “El Tractor”, porque tenía un espuelazo, justo, justo, justo en el ano y que raro que un gallo aguante un espuelazo ahí. Hasta ahí le habrán metido el espuelazo. Le metieron, ahí tenía una herida. Abra votado sangre seguro. Sí, el gallo estaba mal, lo curamos, muy buen gallo, era de, el propietario era el popular Bladico Sara. Su hermano de Pocho. Buena gente, como ha fallecido, un caballero. Un caballero, todos los Sara son muy buenos. Los Sara los viejos han sido muy buena gente. Correctos. Muy correctos, muy buenos. Sí, aperturábamos nosotros la temporada a fines del mes de mayo, el último viernes de mayo era la apertura de la temporada, Calicanto abría la temporada, ya los gallos estaban mudaditos, ni uno, todavía habían gallos son su pluma, de igual manera había gallos para jugar. Bueno y se encuentra con Zegarra que vivía con él, de Chepén y Zegarra tenía gallos a vender; oye, ya uno se desconecta con la pelea, el gallo, ya se olvida uno de los nombres de algunos aficionados, que son notorios, por ejemplo, había el caso de Trujillo don Enrique Yapur. Claro. Gran aficionado, el primero que hecho el gallo, que trajo el gallo “Aquiles”. Marquina, Marquinita. Él era de halla de Barrios Altos. Claro, bueno un aficionado, había un aficionado que tenía una funeraria, recuerdas. Ah, también. Estos aficionados Pascual López, jugaba de la época de tiempo. Sí, Pascual López, de sombrero de jipi japa. Él se pasaba a cada rato a Camaná, iba a comprar gallos a Camaná. Uno tiene tantas anécdotas que contar. Y uno va recordando poco a poco, yo por ejemplo, me he desconectado bastante de gallos, con esto que me fui a Estados Unidos y pues allá, son otros los quehaceres y no mantiene uno los contactos, fuera de contacto a través de los años, por ejemplo, Chale, como no va a estar presente, está presente en todos los aficionados, las personas, los afectos, claro, interesante. Pero a veces uno va allá, hasta el mismo Surco, uno va se sienta, cierra los ojos y abre para ver si están los aficionados, caramba, con los que se confraternizaba y que siempre nos encontraba, ya no hay nadie, uno no los encuentra, pasu diablo, nos encontrábamos. Claro, claro, por razones de salud a veces, o a veces que son otros los quehaceres. Wong dice que está medio maluco. Sí pues. El de los gallos, el cría sus gallos. El de transportes. A es de Chang. Él es un, digamos, un tipo muy alegre, es siempre bonachón, está siempre haciendo sus chistes. Son dos entonces. El menor. El cría navaja, en Cañete en el campeonato que hemos realizado en Julio, es Juez. Sí, la afición a gallos, es una gran afición, donde uno consigue buenos amigos; antes siempre se decía, que la afición a gallos, era como una hermandad, no, o sea, que siempre estaba presente ayudar, había esa… Sí. Sí. Lo que tuvo de bueno el “Gallo de Oro” sobre toda las canchas que yo he conocido, que había mucho respeto, caramba, gente bien educada. El criador. Mucho orden. Eso es lo que me agradó, ese fue el impacto que tuve, cuando yo vine del norte a ver las peleas, me fui contento por eso, que lindo, eso era veintiocho de julio y una fecha que venían de otros países, venían de Chile, venían de Ecuador, todos los países, te das cuenta entonces, era impactante; después del Ecuador venía como se llama este, ah, se me fue el nombre, cómo se llamaba este, era árabe. Ese era John Abisabel, buena gente, bueno. Bien atento, bien amigable, con él tuvimos la oportunidad de estar en Chimbote, una delegación pequeña de Chimbote fuimos a Guayaquil, John Abisabel. No, tenía unas ojerazas así, buen aficionado y con el venían del Ecuador venían otros, un bajito, viejito. Sí, pan de leche le decían. Eran como diez los ecuatorianos, pero muy gente, muy buena gente. Ahora ya no me parece, muy diferente, es que la mayoría de canchas que hay en Lima, están en las zonas aledañas a Lima. Periféricas, a veces no hay, como se podría decir, un orden con plata, ahora no hay policías, se desbandan a veces. Pero también hay coliseítos, para ciertas fechas, guardan compostura. Si, Exacto, una canchita modelo, por ejemplo, pasando los rieles, otra cancha que yo lo admiro también, es como se llama Pancho Villa, que queda en la salida del mar, y otra que también admiro y es más, de acá de Las palmeras, que últimamente, Las Palmeras, por un billete falso, ha habido una guerra campal. Porque por cien soles, dos galpones se han sacado la ñoña, se han cortado, por un billete falso. Vienen algunos organizadores, en este caso galleras, influye mucho, la simpatía que le tengan, el respeto, hacen todo eso en su junto, don
de hace que la gente esté obligada a portarse bien, pero donde hay malcriados, no todos algunos que no saben controlar el licor, que toman y eso no sirve. Yo conozco, tengo amigos que en la gallera, bajo la modalidad que han tomado, son una basura ahí, no se respetan entre familiares, ni nada por el estilo, pero tú los encuentras sanos en cualquier sitio sanos, son unos caballeros a carta cabal, pero el licor los vuelve así, los transforma, no sé si tú conoces; pero así es la vida, pero todo está en saberse dominar, hay que auto dominarse Claro, por ejemplo, es muy bonito sería tener un amigo, en este caso tiene que ser, un amigo pudiente, que tenga por ejemplo su galpón, que tenga su picadero, e invitar así periódicamente, a cierto grupo de aficionados para unos topes, o quizás una jugadita, jugar a los pollos, como en familia, eso lo hacía recuerdo Jaime Trelles lo hacía, invitaba por ejemplo, una semana a un grupo y departía con ellos, estaba ahí, inclusive intervenía su familia, su esposa, todos, pasábamos así a su casa, nos invitaba un traguito, pasábamos unos bonitos momentos, pero ahora se hace más por negocio, además tendría que ser, como vuelvo a repetir, con gente solvente, que tenga esa naturalidad, sin ningún espíritu de lucro un aparte que sea en familia siempre, y por supuesto uno aporta los gallos; esas son bonitas reuniones que teníamos. Calicanto sí. De ahí Calicanto hacía los sábados; los sábados hacían. Estábamos ahí, siempre teníamos un invitado. Mira, mientras Augusto Sara Lafosse fue presidente, que prácticamente, él siempre era presidente, porque era el más idóneo, era líder. Tenía una fineza para tratar a la gente, en realidad no podía ser otro.
regresó más el gallo, limpio salió el gallo. A él que nos pasó la voz, fue este muchacho no me acuerdo, en Chimbote están empezando a jugar gallos de a pico; que van jugar, de a pico juegan; sí, entonces agarre, me fui a donde Juan y le digo, sé qué están jugando gallos en Chimbote, vamos, no son navajeros; vamos, yo te pago el pasaje, era barato el pasaje, era cinco soles creo que costaba, yo te pago el pasaje; vamos, vamos. Nos fuimos. Bueno, lo cierto es que jugó el gallo y nosotros íbamos a Laredo a jugar los gallos, hemos venido y al siguiente domingo nos fuimos a Laredo; como no han venido el domingo que ha pasado. No, le digo, nosotros hemos descubierto una plaza, hay plata, ahí vienen los pescadores están con plata; ah, hubo un patrón de lancha, uno de los patrones de lancha más visibles de ahí, nos invitó a su casa a comer, contento por lo que habíamos ido nosotros, los primeritos habíamos ido allá a Chimbote; bueno, así que aquí en Laredo, agarra escuchaban, eran bien unidos los Laredinos, escuchaban lo que hablamos nosotros; bueno, estuvimos ahí jugamos unos gallitos, hasta el siguiente domingo muchachos, este domingo nosotros vamos, oye y la gente no llegaba, no llegaban, los Laredinos, el Rufo, el chino Gutiérrez que había ido ese día, Gutiérrez ya murió; como se llama el chino, Alberto Gutiérrez era, mi gran amigo, agarra se había ido como con ocho en el carro, tenía un carro grande y en los otros carros también se habían ido acompañándolo; dicen que llegan a Chimbote los agasajaron, a hacer las peleas, no ganaron una pelea, no ganaron una pelea, que había sucedido, que habían venido los de Chimbote acá a Lima y habían comprado gallos, porque allá estaban con la plata pues, cuánto quieres por tú gallo, pun… pagaban nomás, es cierto le digo, claro, entonces habían traído buenos gallos, así es que les ganaron, los dejaron misios, no tenían ni para echarle gasolina al carro, con eso te digo todo, tuvieron que prestarse para echar gasolina. Tú te acuerdas de la Balanza, como era?. Sísísí, sí me acuerdo de eso, el juez era el señor Colina, un gordo él, Colina. Sí, yo recuerdo mucho de él, un señor muy respetable. Un señor de bigote. Como le vuelvo a repetir, hice mi reentre ahí. Perdón, un paréntesis, este de la PIP, era amigo, de Del Campo, él también murió; de una familia trujillana; Del Campo y con este fue a mi casa Armando, a decirnos que allá en Chimbote estaban jugando a pico y que nos invitaban; así ha sido. Sí pues por esa situación yo le dije a “Rayo” para ir. Como le estaba diciendo pues, ya para esa época, hice mi reentre en los gallos, le voy a contar antes de la situación esta, cuando estada acá en Lima, estaba trabajando en esa época, estaba trabajando en el Banco Internacional y casi no habían peleas de a pico en Lima, las peleas de a pico se hacían en el Callao y al Callao había que ir, yo no frecuentaba allá; he venido nuevamente a presentarme en Chimbote, entonces allá todo es a pico, todo el mundo tenía que ser de a pico y solamente, los navajeros jugaban ciertas temporadas. No, los gallos de navaja los he venido a ver, justamente como dice mi tocayo Chale, en el restaurante de don Santiago Blanco, donde se hacían pelea de gallos a navaja, y otros a pico; yo alcanzo a recordar todas esas fechas, donde tuve a muchos amigos, en esa época siempre con sus apodos, muy pocas veces por sus nombres, su apellido o su nombre, el que recuerdo mucho también es un buen aficionado, que ahora está retirado de la afición, este muchacho Gonzáles, que le decían el famoso zambo, Gonzáles. Era un aficionado, amarrador, preparador y un aficionado completo. No eran dos hermanos. Sí, uno se fue a Cajamarca. Dos hermanos, zambo Alfonso. Sí, el zambo Alfonso Gonzáles. Sí. Un negrito gran aficionado. Ellos prepararon el gallo el “Mao”. Claro que sí, claro que sí. El gallo “Mao”. Con la afición del gallo a pico, ya por esa fecha conocía, no, reconocí podríamos decir a mi gran vecino de Trujillo y de la niñez, juventud Leyva, el gran Kiko Leyva y él me regaló una gallina y un gallo de a pico, entonces esos gallos los mande a mi pueblo a Jimbe, donde estaba mi padre y mi hermano y me los criaba e hicimos camadas, de ahí empiezo nuevamente. Eso ha venido sucediendo en el año sesenta más o menos; el año sesenta. Claro, comenzó el auge, mi hermano se vino a Chimbote, con mayor razón, criamos ahí en Chimbote, grandes peleas, grandes amistades. Sí, en Chimbote había mucho dinero y tomé en serio la afición, de ahí no solté la afición, estuve en Chimbote he estado hasta el año setenta, después del terremoto del setenta, me vine a Lima. A mí me agarró el terremoto en Chimbote también; se tiraban hasta el suelo con los brazos abiertos, uno se tiró con los brazos así hiiiiiiii, y mi hermano le pregunta y tú porque te tiraste al piso, así implorando a Dios seguramente, no dijo, si se abría la tierra por el centro, me agarraba con un brazo, sino por el otro lado. Bueno, con motivo de la afición a los gallos, hice muchas amistades, entre ellas tuve la gran amistad del señor Augusto Sara Laffose, que era presidente del Club Calicanto, entonces cuando me vine de Chimbote, lo primero que hice fue ubicarlos, los ubiqué en San Luis, don Augusto Sara Laffose tenía una fábrica y ahí tenía el galpón “Calicanto”, me hice amigo, como amigo de todos ellos y me dediqué a preparar los gallos, fueron buenas épocas de amistad de consolidar mi afición y seguí con él, con ellos tuve la oportunidad de ir a Chiclayo, hemos ido a Trujillo, hemos ido a Chepén, que era los veintidós de enero, donde nos acogían muy buenas amistades, muy buenos amigos en Chepén, hemos ido a Cajamarca, y hemos competido en casi todas las canchas de Lima, para esa época el “Gallo de Oro” principalmente, jugábamos en Chaclacayo, en una canchita que está casi en la ribera del río, se acuerda de esa cancha. Santa Inés, bonito, era un panorama muy bonito, que al frente del fundo estaba el río, y así. Claro, se hablaba más de los gallos cruzados japoneses con chileno. Ese era el cruce que predominaba en esa época, y por supuesto que era un gallo que tenía, algunos sacaban las dos cualidades juntas, el gallo chileno con su fiereza y gran poder y el gallo japonés con su gran defensa, había que entrar, porque tenían las dos cualidades juntas, era pues un gallo casi invencible, por supuesto con los de Lima, son diferentes tipos, pero muy buenas peleas para esa época. Bueno, como te digo, que la uniformidad del gallo era pues, porque había solamente ese cruce, había el asil también, jugaba, pero más eran los gallos japoneses. Ah, por ahí está, por esa fecha, conocí a un gran aficionado el señor Silva. Don Pepe Silva, que en el galpón de él tuve la suerte de conocer varios tipos de gallos japoneses, entre ellos el shamo, el gallo chiquito este negro que hay. El tuso, y él kisisita, y varios, varios gallos chile
no tenía él, los asiles también los conocí ahí, don Pepe Silva que vivía en Santa Anita. No, yo ya lo he conocido en la ciudad. Cuando estaba en Chiclayo trabajaba en chacra, bella persona, después con Chale, oye mi tocayo, nos encontramos acá en Lima. No llegué a conocerlo, quizás no lo recuerdo. Ahí en la cancha de los abuelitos, estaba mi abuelito. Es probable que lo haya conocido. Por ejemplo, puedo recordar a nuestro gran amigo, que es el dueño del “Gallo de Oro”, como no recordar. Ricardo Jamiz, buen amigo, muy buen amigo, conocí, al papá de ellos, que también frecuentaba el coliseo y era muy conversador y aficionado a gallos también. La época de oro de los gallos de a pico. Bueno, las mejores épocas y los mejores ejemplares que yo he visto jugar y sensacionales. Te refieres a qué, a la plaza. Indudablemente, el veintiocho de julio en “El Gallo de Oro”. Claro, claro que sí, pero indudablemente, las concentraciones de veintiocho de julio, con Ricardo Jamiz en el “Gallo de Oro” eran las más espectaculares, porque no hay duda la fiesta de Lima y aniversario de veintiocho de julio, grandes concentraciones, muy buenas atenciones de parte de este compadre, que es tan buena gente, así, tantas amistades, tan buenas. Trujillo. Que son más clásicos se puede decir, porque Chimbote vino a ser casi una sucursal se puede decir, de los gallos de los criadores; una sucursal e Trujillo se podría decir, primero porque Trujillo tiene mucha más antigüedad en gallos de a pico que Chimbote; Chimbote habían gallos navajeros únicamente, y después por ese fenómeno mismo, del afán del gallero, de tener lo mejor; bueno, vinieron. El chimbotano, siempre fue una época que siempre tuvo más plata que el trujillano, entonces, tú sabes que cuando interviene el dinero, hay más emoción en las peleas, porque es más o menos lo que se va a perder o ganar, hoy siempre eso tiene contundencia. Al doctor Tirado lo conocí era un señor cajamarquino, si lo conocí. Así es celendino, después puedo mentar también en Chimbote a un buen aficionado, el doctor Torres, Julio Torres Delgado, abogado él y gran aficionado, él era de Arequipa; arequipeño pero reside muchos años en Chimbote, muy enterado en gallos. En lo que se refiere, bueno, cada preparador tenía su método desde luego pero, por la razón misma de que se jugaba treinta minutos, había que darle, una preparación pues excelente, física; una preparación física excelente al gallo, para que pueda resistir combatiendo treinta minutos, resistiendo los espuelazos que vienen, como competencia del enfrentamiento; la preparación me parece que era más completa que la de ahora, minuciosa, incluso me parece que había muchos, cómo podemos decir, se pensaba mucho de que al gallo debían de dosificarle el agua, cosa que ahora creo que ya se desecha; porque antes el gallo debería estar bien seco, bien seco, quería decir que no tome mucha agua y en la musculatura debería estar completamente, definida. Sí, eso se notaba por la raya que se le forma en el muslo del gallo, en la parte posterior, se le formaba, no sé si será por su raza, se le formaba una raya ahí, tú te recuerdas Chale, entonces eso era índice de que ese gallo estaba bien puesto, el gallo para que combata media hora, tenía que prepararlo por lo menos una media hora y era, el que menos se esmeraba, en sacar bien echaditos a sus gallos. Pobre el que sacaba un gallo así plumoso, bravo era el gallo, a ese se le iban encima; a ese se le iban encima, habían eventos ahí, que lindos gallos, allá no sacaban al gallos llenos, se caracterizaban por la presentación de gallos impecables, bien pesaditos, bien frotados que daban un color rojo, que digamos un rojo rubí y ese era el índice que tenía la cara, las piernas y todo, bien rojo y ese era el índice, que el gallo estaba saludable y bien puesto; así le llamaban antes, bien puesto. Unos le echaban limón, otros unas frotaciones ahí, pero. Sí, eso inclinado puramente, por el limón, porque según me dicen, el gallo a través de su piel, no tiene poros. No suda, entonces, que le echaran cualquier sustancia, pero sería igual. Eso sí, parece que le curte no, muy interesante la forma como se preparaban los gallos. Los aficionados de Camaná, por esa época, el setenta, el sesenta y nueve, después del sesenta y cinco al setenta, arribaban solamente, hasta Lima, no prolongaban su viaje hasta el norte casi; yo recuerdo para esa época, unos aficionados, era un doctor que era odontólogo, o creo era mecánico dental; un camanejito, llevó los gallos por primera vez al norte y justamente, hicieron un alto y tuve la suerte de tenerlos en mi casa por unos momentos y ahí me enteré que habían venido a jugar a Piura, pero antes solamente, los camanejos venían hasta Lima, para esa época Camaná, tenía muy buenos gallos, me acuerdo que un año capotearon, capoteaban en gran forma, porque creo que de nueve gallos ganaron ocho, y empataron uno. En todas la épocas han habido visitas, digamos de Trujillo a Lima y de Lima a Trujillo. Recíproca. Visitas recíprocas, en materia de gallos de a pico, por lo general de Trujillo venían a jugar gallos acá, al Callao, venía don Farfán Pineda, don Pedrito Rivadeneyra, creo que ya estaba asentado acá, el señor Cárdenas, te estoy hablando digamos setenta años atrás, por lo menos, yo tenía conocimiento de eso, cuando paraba la oreja, escuchar a mi abuelito sobre todo, los gallos que venían de Trujillo para acá a Lima, las reuniones se hacían en el Calla y allá quién los recibía era don Eusebio Bravo, también los recibía a todos ellos; y habían un montón de japoneses en el Callao, tenían muy buenos gallos, tuve la oportunidad por ejemplo, de una vez cuando visité Trujillo, cuando tenía un japonés que siempre se le menciona, yo solamente, lo he visto una sola vez del Callao, como se llamaba, Azato; él fue a Trujillo al coliseo de la Libertad, ahí lo conocí y armó su gallo y ganó su gallo, buen gallo, ahí lo recuerdo, pero había esta reciprocidad en la afición; después ya se abrió el Coliseo del “Gallo de Oro” y parece que tuvo, bastante aceptación acá en el país. Sí pues, hacían invitaciones, llegaban las invitaciones a todo el norte y como la fecha indicada, la habían tomado acá, para el veintiocho de julio, todos los gallos que jugaban dentro de los años anteriores, que habían jugado y eran muy buenos gallos, precisamente, para esa fecha los preparaban y los traían acá, unas peleas; pero esa era la mentalidad norteña, traer los mejores gallos a la capital, aunque juegue dos reales, pero los gallos ahí de la granja, cuánto jugaban quinientos, mil soles, primero era quinientos soles, pero después tenías que poner el doble, jugaban, ganaban, por lo general han ganado, para que, es que seleccionaban bien. Tú me dices, que visitaste el coliseo de Junín, te acuerdas del gallo del sargento Lazo, fue un gallo, “El Caimán”. “El Caimán”. A sí, sí recuerdo, “El Caimán fue un
gallo capero sí. De salida, Capero, los japoneses se habían ido, de acá de Lima, invitados allá y jugaron cuatro, cinco gallos y los cinco gallos ganaron, los tenían en el bolsillo a todos los trujillanos, habían ganado pues allá; para esto, el sargento Lazo tenía un gallo, que le hacía coteja a los gallos que habían llevado de acá de Lima, los japoneses, lo cotejan y va la pelea, el sargento Lazo salió y regresó con un montón de plata, para jugar sus gallos, se había llevado poca plata, hicieron la pelea, Tú sabes que allá siempre son regionalistas, todos iban al gallo del sargento Lazo, caracho. Sí, y los japoneses les reportaban timbiadores eran; y todo lo que te estoy contando lo he escuchado de los viejos también, uno de los más viejitos es aquí mi amigo Chale; entonces los japoneses pagaban a todos los trujillanos que apostaban, pagaban, pagaban, pagaban; vieras la cantidad de trujillanos que estaban ahí y los japoneses apostaban con toditos, no ves que les habían ganado su plata y el gallo este del sargento Lazo comienza una capa derecha izquierda y en una de esas el gallo japonés, fuif… y se fue encima, carajo y no quiso armar más, dice que fue un alboroto la cancha, la alegría, habían recuperado su plata y ya se habían quitado el clavo de la derrota; muy bien, ahí había uno de los aficionados viejos, que estaba mirando al gallo, al famoso “Caimán”, que era don Miguel Ganoza, su hermano de Macario Ganoza, gran criador de gallos japoneses, tuvo la paciencia de preparar un gallo, que era un poquito más alto que el “Caimán”, y su especialidad era patear de atrás, como un burro, jajaja, altísimo, lo preparó ahí, y un domingo lo sacaron al ”Caimán” y lo trajeron al gallo de don Miguel Ganoza, inmediatamente, carajo, hasta moche se fueron a traer al gallo, hicieron la pelea, sobraba la plata para el gallo de el “Caimán”, gran favorito, no ves que le había ganado al gallo de Lima y todo eso; y bueno, sueltan gallos, comienza el “Caimán” pam, pam, pam; y sale a la capa y se dio como cinco vueltas, después de cinco vueltas y el gallo de Miguel Ganoza, de atrás tran, tran, unos patadones, el “Caimán” quería meterse a querer morder, el gallo ya estaba metiendo, japonés pues, se metía, la pegada era de atrás del gallo, cada gallo tiene su cualidad, no todos los gallos japoneses pelean de frente, nada, huy agarró lo sacó gritando, al gallo, al “Caimán”, de ahí empezaron a cantarle a ese gallo se va el caimán, se va el caimán, jajaja. El sargento Lazo, sargento de la policía, bien sabido era, no ves que jugaban entre amigos, la chacota, todo era broma. En esa época oye, los gallos jugaban una hora. Apropósito otro gallo famoso que hubo, allá como se llama, en Chicama, en el puerto de Chicama, en el valle de Chicama y yo tengo un tío que se llamó Luis Hoyle, él desde que se metió a los gallos de a pico, fue mi tío Rafael Larco, hermano de mi tío Gonzalo, mucho mayor que mi tío Gonzalo, se mete a los gallos y mi tío Luis, que era tío de él, agarra y se mete a criar gallos de a pico; dice, que haya criado Rafael, mentira, yo fui el que sacó la camada de mi salió ese gallo; y cómo dice que es; agarré y me conseguí hilo, todos los aficionados que habían allá y le metí un gallo, lo único que sé que era un gallo, pero la madre no sé cuál era; salió el famoso gallo “Caimán”, dice que a todos los hermanos los mató, los mató, los mató; a los de diferente forma los mató, y ya lo sacaron a jugar, dice que se ganó como. “Temblor”, ese gallo dice que se ganó como once peleas, en esa época, once peleas, se llevaban a jugar no sé a dónde, a la hacienda Roma, no sé dónde y a el gallo lo van a picar porque era una concentración, en esa época, lo van a picar al gallo, pero antes de que lo piquen, ya habían hecho apuesta y todo, antes de que lo piquen, dicen, que el careador se dio cuenta, se lo queda mirando a uno de los animales, de repente, se asustó, se asustaron, unnn… se mandó mudar, dice, que le llamó porqué, los sueltan, dos patadas, y el gallo comienza a ponerse morado, morado, morado y plan… se cae el gallo, ni careando, ni nada, para malo, tenía que tener mucho cuidado también. Primero, antes pues había esa costumbre, cuando se iba a concentraciones, uno agarraba su gallo y lo primero que hacía, era agarrarle el pico, y justamente, era por la costumbre que habían agarrado, según le llamaban, de que le dan en esa época pildoreo; el pildoreo, que quiere decir pildoreo, que el gallo estaba suelto por ahí, le tiraban una píldora, somnífero, que sería y al gallo lo tenían tonto, había que tener mucho cuidado para esa época, ahora ya no se usa eso. Yo nunca he visto eso. Yo tampoco, nunca he visto tampoco. A nosotros nos han contado. Un costalillo. Un costalillo de arena. La caponera, cuando en contacto con estos viajes. Había que viajar. En viajes interprovinciales, tenía ir en la caponera y el gallo una vez que, importaban, venía ya en ese tipo de cajas. Sí, cubriendo, las comodidades para el gallo. Chale es uno de los hombres ocurrentes, en lo que se refiere a caponeras, una vez creo, que el cajón de una máquina Singer, de esas de mano, creo que lo pusiste como caponera. Acá fue en Lima. A un Radio fue. Había un radio, me encontré. Así, parecido a este, fíjate, en esta forma y para acá el radio, se saca el radio viejo, con su tapa, lo hice oye, con su tapa, todo, por acá tenía un hueco, por donde eran las perillas. Las perillas esas servían para el gallo, se abrían ahí, por ahí sacaba el gallo, comía y pa… lo tapaba. Una carga. En Calicanto, sucede algo muy especial, las reuniones de los aficionados de Calicanto eran los sábados, pero solamente, para las grandes concentraciones, Calicanto, iba disciplinadamente, digamos a la gallera, pero después corrientemente, no iban tanto, se desanimaban a última hora, no se ponían de acuerdo, pero siempre que hemos ido a las concentraciones hemos llevado buenos gallos, unos perdían otros ganaban como siempre, tenían también premio de calidad, premio a la calidad, con un gallo llamado “El Chonta Estaca”; “Chonta Estaca” le decían porque era un gallo de patas verdes y de cachos negros y de ahí viene la palabra “Chonta Estaca”, la chonta es una madera negra y la estaca era negra, un gallo de mucha calidad, tuvo varios encuentros y todos los definió con victoria, el gran “Chonta Estaca”. Ya se calzaba, cuando llegue a Calicanto, nunca connatural, siempre con eso, también he tenido oportunidad de ir con gallos de Calicanto, a este coliseo, que construyó el papá de los hermanos Jamis. En Puente Piedra. En Puente Piedra, “Raymundo” le puso el nombre, a ese coliseo, en el kilómetro veintidós creo que era en el Chillón, yo tuve la oportunidad de estar, bonita gallera, muy bonita, pero no sé qué paso que ya no. Ahí se jugaban muy buenos gallos, hacían buenas presentaciones. Calicanto, es de Huánuco, la mayor parte de socios de Calicanto eran huanuqueño
s, ellos el quince de agosto estaban allá invitados especialmente, buenas faenas hemos hecho allá en Huánuco, una vez capoteamos y la pelea central que íbamos a hacer, no sé con quién, que cantidad de plata pagaba, significativo el monto, contra Tingo María; no se presentó Tingo María, porque creo que le habían dado una tanda, una marsa que no les quedó ya dinero, se tuvieron que rebatirse en retirada, pero muy bien jugamos, todos los gallos ganamos, fue una de las mejores faenas que hicimos allá en Huánuco. Criador también era, ellos venían del norte, al norte creo de Piura. Al norte, de Talara creo que eran, de Talara. Y toda su familia, ahí hay una referencia que seguramente, le va a agradar a los aficionados al verla, cosa curiosa, que la esposa de Zoilo, era gran aficionada a los gallos también, y le ayudaba a preparar los gallos a él, su hijos estaban pequeños, en esa época la señora misma les daba de comer y los preparaba también, cuando él tenía que salir a la faena de la pesca. El señor Arriola también en Chimbote, Chimbotano. Él era creo que de Guadalupe. Guadalupano creo que era. Muy carismático. Huy, colosal, muy costeante. Carismático sí, don Manuel Arriola. Participaron en Chiclayo, para un treinta de agosto. Nosotros sí, ah, tú no fuiste. Con Calicanto. Su aniversario creo que es el quince. El quince de agosto. Y el treinta de agosto fuimos a Chiclayo, hemos ido a Chiclayo a jugar, en Trujillo también, siempre hemos salido a concentraciones con Calicanto; Calicanto tuvo un gallo famoso, que nunca perdió y se agarró siempre peleas de concentraciones, todas concentraciones, nunca perdió, siempre victorioso, salió adelante, se llamó “El tractor”, era un gallo de tipo asiático, pero raro, era un asiático raro, la cabeza japonés, las piernas bien fuertes, bien parado, pero tenía cola parada, no sé de donde le vendría, eso de la cola parada al gallito, pero era invencible, invencible. Mucha guardia y mucha espuela, mucha guardia y mucha espuela y honda, metida honda, yo recuerdo una concentración con un gallo gallina muy famosa en Chiclayo, para una fiesta de primavera en Trujillo, en esa cancha que queda por la carretera a Chanchan. En Huanchaco. A Huanchaco, antes era Huanchaco, de Taboada. Claro, ahí, le desafiamos a un gallo gallina, más alto y todo, pero “El Tractor” le puso la guardia, lo controló bien, le respondió los tiros y finalmente, lo coció a cachazos y lo enterró, lo mató; y cosa curiosa que él, yo no sé, como no se ha corrido, el gallo “El Tractor”, porque tenía un espuelazo, justo, justo, justo en el ano y que raro que un gallo aguante un espuelazo ahí. Hasta ahí le habrán metido el espuelazo. Le metieron, ahí tenía una herida. Abra votado sangre seguro. Sí, el gallo estaba mal, lo curamos, muy buen gallo, era de, el propietario era el popular Bladico Sara. Su hermano de Pocho. Buena gente, como ha fallecido, un caballero. Un caballero, todos los Sara son muy buenos. Los Sara los viejos han sido muy buena gente. Correctos. Muy correctos, muy buenos. Sí, aperturábamos nosotros la temporada a fines del mes de mayo, el último viernes de mayo era la apertura de la temporada, Calicanto abría la temporada, ya los gallos estaban mudaditos, ni uno, todavía habían gallos son su pluma, de igual manera había gallos para jugar. Bueno y se encuentra con Zegarra que vivía con él, de Chepén y Zegarra tenía gallos a vender; oye, ya uno se desconecta con la pelea, el gallo, ya se olvida uno de los nombres de algunos aficionados, que son notorios, por ejemplo, había el caso de Trujillo don Enrique Yapur. Claro. Gran aficionado, el primero que hecho el gallo, que trajo el gallo “Aquiles”. Marquina, Marquinita. Él era de halla de Barrios Altos. Claro, bueno un aficionado, había un aficionado que tenía una funeraria, recuerdas. Ah, también. Estos aficionados Pascual López, jugaba de la época de tiempo. Sí, Pascual López, de sombrero de jipi japa. Él se pasaba a cada rato a Camaná, iba a comprar gallos a Camaná. Uno tiene tantas anécdotas que contar. Y uno va recordando poco a poco, yo por ejemplo, me he desconectado bastante de gallos, con esto que me fui a Estados Unidos y pues allá, son otros los quehaceres y no mantiene uno los contactos, fuera de contacto a través de los años, por ejemplo, Chale, como no va a estar presente, está presente en todos los aficionados, las personas, los afectos, claro, interesante. Pero a veces uno va allá, hasta el mismo Surco, uno va se sienta, cierra los ojos y abre para ver si están los aficionados, caramba, con los que se confraternizaba y que siempre nos encontraba, ya no hay nadie, uno no los encuentra, pasu diablo, nos encontrábamos. Claro, claro, por razones de salud a veces, o a veces que son otros los quehaceres. Wong dice que está medio maluco. Sí pues. El de los gallos, el cría sus gallos. El de transportes. A es de Chang. Él es un, digamos, un tipo muy alegre, es siempre bonachón, está siempre haciendo sus chistes. Son dos entonces. El menor. El cría navaja, en Cañete en el campeonato que hemos realizado en Julio, es Juez. Sí, la afición a gallos, es una gran afición, donde uno consigue buenos amigos; antes siempre se decía, que la afición a gallos, era como una hermandad, no, o sea, que siempre estaba presente ayudar, había esa… Sí. Sí. Lo que tuvo de bueno el “Gallo de Oro” sobre toda las canchas que yo he conocido, que había mucho respeto, caramba, gente bien educada. El criador. Mucho orden. Eso es lo que me agradó, ese fue el impacto que tuve, cuando yo vine del norte a ver las peleas, me fui contento por eso, que lindo, eso era veintiocho de julio y una fecha que venían de otros países, venían de Chile, venían de Ecuador, todos los países, te das cuenta entonces, era impactante; después del Ecuador venía como se llama este, ah, se me fue el nombre, cómo se llamaba este, era árabe. Ese era John Abisabel, buena gente, bueno. Bien atento, bien amigable, con él tuvimos la oportunidad de estar en Chimbote, una delegación pequeña de Chimbote fuimos a Guayaquil, John Abisabel. No, tenía unas ojerazas así, buen aficionado y con el venían del Ecuador venían otros, un bajito, viejito. Sí, pan de leche le decían. Eran como diez los ecuatorianos, pero muy gente, muy buena gente. Ahora ya no me parece, muy diferente, es que la mayoría de canchas que hay en Lima, están en las zonas aledañas a Lima. Periféricas, a veces no hay, como se podría decir, un orden con plata, ahora no hay policías, se desbandan a veces. Pero también hay coliseítos, para ciertas fechas, guardan compostura. Si, Exacto, una canchita modelo, por ejemplo, pasando los rieles, otra cancha que yo lo admiro también, es como se llama Pancho Villa, que queda en la salida del mar, y otra que también admiro y es más, de acá de Las palmeras, que últimamente, Las Palmeras, por un billete falso, ha habido una guerra campal. Porque por cien soles, dos galpones se han sacado la ñoña, se han cortado, por un billete falso. Vienen algunos organizadores, en este caso galleras, influye mucho, la simpatía que le tengan, el respeto, hacen todo eso en su junto, don
de hace que la gente esté obligada a portarse bien, pero donde hay malcriados, no todos algunos que no saben controlar el licor, que toman y eso no sirve. Yo conozco, tengo amigos que en la gallera, bajo la modalidad que han tomado, son una basura ahí, no se respetan entre familiares, ni nada por el estilo, pero tú los encuentras sanos en cualquier sitio sanos, son unos caballeros a carta cabal, pero el licor los vuelve así, los transforma, no sé si tú conoces; pero así es la vida, pero todo está en saberse dominar, hay que auto dominarse Claro, por ejemplo, es muy bonito sería tener un amigo, en este caso tiene que ser, un amigo pudiente, que tenga por ejemplo su galpón, que tenga su picadero, e invitar así periódicamente, a cierto grupo de aficionados para unos topes, o quizás una jugadita, jugar a los pollos, como en familia, eso lo hacía recuerdo Jaime Trelles lo hacía, invitaba por ejemplo, una semana a un grupo y departía con ellos, estaba ahí, inclusive intervenía su familia, su esposa, todos, pasábamos así a su casa, nos invitaba un traguito, pasábamos unos bonitos momentos, pero ahora se hace más por negocio, además tendría que ser, como vuelvo a repetir, con gente solvente, que tenga esa naturalidad, sin ningún espíritu de lucro un aparte que sea en familia siempre, y por supuesto uno aporta los gallos; esas son bonitas reuniones que teníamos. Calicanto sí. De ahí Calicanto hacía los sábados; los sábados hacían. Estábamos ahí, siempre teníamos un invitado. Mira, mientras Augusto Sara Lafosse fue presidente, que prácticamente, él siempre era presidente, porque era el más idóneo, era líder. Tenía una fineza para tratar a la gente, en realidad no podía ser otro.
